Pros y contras

Merkel y la pandemia

La mandataria ha sido capaz de construir un relato creíble y de mantener a distancia la suficiencia y la emotividad

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La cancillera alemana Angela Merkel.

La cancillera alemana Angela Merkel. / Bernd von Jutrczenka

Con el covid-19 hemos oído mensajes que van de la chulería a la sensiblería, de los militares para quienes todos los días eran lunes (ahora parece que ocurrió hace dos siglos y, de hecho, ya lo parecía entonces) hasta la presencia de científicos que o bien transmitían serenidad o bien inoculaban en la población aún más temor. La pandemia habrá servido para entender de qué material están hechos los políticos. El llanto incontrolable, la estatua más hierática, el exceso notorio, la displicencia, el afán de notoriedad, el desconcierto visible, las ganas de convertirse en un salvador del pueblo o de pasar a la historia con una frase memorable, acuñada por un gabinete de expertos en frases memorables. Hemos visto de todo.

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Y también hemos visto a Angela Merkel, capaz de construir un relato creíble y de mantener a distancia (como si fueran dos trampas, dos escollos en el camino) tanto la suficiencia de quien es responsable de una Administración como la emotividad de quien habla a través del corazón. Determinada, sí, pero no desde la imposición, sino desde la advertencia severa de quien contempla un panorama devastador y avisa al caminante crédulo de los peligros inminentes.