Contexto

Esperando la vacuna, y evitando la tercera ola

La economía parece empeñada a dispararse en el pie con sus presiones

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Angela Merkel, en el Parlamento alemán.

Angela Merkel, en el Parlamento alemán. / HAYOUNG JEON (EFE)

Este titular suena a bolero y, como tal, suele acabar en tragedia. De hecho, es un nuevo aviso para evitarla, y no volver a tropezar con la misma piedra. Esa virtud tan humana, como desgraciada. Nos pasó en agosto. Puede volver a pasar en enero. Las vacaciones y la movilidad de nuevo. Mientras, el número de fallecidos sigue aumentando inexorablemente: 47.624 atribuibles al Covid-19 según el CDC europeo a fecha de 14 de diciembre, que sube por encima de las 70.000 muertes por encima de las esperadas según nuestro Instituto Nacional de Estadística.

Todos nos hemos de morir, que dirá un buen amigo mío, pero todos queremos vivir un poco más; si fuera posible hacerlo aceptablemente. Y es posible hacerlo; pero en cualquier momento se nos cruza el virus. Esa es la tragedia. España es uno de los países de la Unión europea con más fallecidos. ¿Es esta una situación éticamente aceptable?, le preguntaría a mi buen amigo.

Ante esta dura realidad, sorprende que nuestras autoridades sanitarias, nacionales, autonómica y locales, que lo saben, siguen poniendo el énfasis en la responsabilidad individual. El argumento es simple: son adultos y deben asumir su responsabilidad. Y es cierto. Pero es solo parte de la verdad. Los ciudadanos tenemos, sí, responsabilidades, pero son compartidas con el conjunto de la sociedad. Por eso es también imprescindible que las autoridades, legítimamente en nombre de la sociedad, asuma su parte de responsabilidad. Una responsabilidad que no pueden eludir, aunque los grupos de intereses, de un lado y de otro, presionan para que a ellos no les toque. Ahí está el quid de la cuestión. La economía parece que quiere darse un tiro en el pie.

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De nuevo, lo siento, sé que las comparaciones no nos gustan (a nadie), debemos mirar a Alemania. Este miércoles inician restricciones estrictas hasta el 10 de enero, para reducir la movilidad y con ello los contagios. La situación es grave en Alemania, nos pueden argumentar los que piden relajar ya las medidas de restricción de algunas actividades de alta probabilidad de contagio. Es cierto, Alemania tiene el 14 de diciembre una incidencia acumulada a los 14 días de 341 por 100.000 y en España es de 218 por 100.000. Bueno, pero no olvidamos que aquí se decidió cerrar los lugares de restauración y ocio cuando estábamos a una incidencia de 1.000. Además, y lo más importante, ellos acumulan a esta misma fecha 21.975 defunciones, con casi el doble de población que España.

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La pregunta ante estos datos cae por su propio peso: ¿qué les pasa a nuestras autoridades jugando de nuevo con la salud? ¿Les gusta jugar a la ruleta rusa? Tienen los datos, seguramente más que los que tenemos nosotros. Pero prefieren dejar la responsabilidad a los ciudadanos.

La vacuna está cerca, un éxito de la ciencia y la colaboración público-privada, no olvidemos esta segunda variable de la ecuación, pero aún ha de llegar a todos. Nos queda hacer un último esfuerzo. En el que cada uno debe asumir su responsabilidad. Los ciudadanos, las autoridades, y las empresas. No hay otra salida, o el precio será aún muy alto. La salud es el principio -y el final- de la economía. ¿Tan difícil es ejercer el liderazgo político que necesita el momento? Bastar mirar un poco más allá para ver algún ejemplo donde inspirarse.