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Vacunación y esperanza sin sobresaltos

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El alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, a su llegada a la cumbre, este jueves en Bruselas.

El alto representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, el presidente francés, Emmanuel Macron, y el jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, a su llegada a la cumbre, este jueves en Bruselas. / JOHN THYS (EFE)

¿Quién no cuenta los días para 2021? Los líderes reunidos en esta última cumbre europea están deseando dejar atrás este año de la desolación -no debe ser muy grato gobernar una pandemia- y dar paso al año de la vacunación y la esperanza. 

Merkel afronta con especial responsabilidad la trama final: finaliza la presidencia alemana del Consejo y el final de su etapa política está a la vuelta de la esquina. Sobre las espaldas de la cancillera se han soportado casi todas las crisis. Ninguna ha llegado a desbordarse. 

La fiesta de 2021 no debería arruinarse antes de empezar. Para ello hacen falta dos cosas. Que el Brexit no descarrile en su ultimísima recta final y que el megapresupuesto que la UE ha puesto en marcha para luchar contra el zarpazo económico del covid no quede secuestrado por los chantajes populistas de los líderes húngaro y polaco.

Con voluntad política, el acuerdo comercial entre la UE y el Reino Unido podría cerrarse. El acceso a las aguas británicas para la pesca y las reglas de competencia son asuntos que, sobre el papel, podrían resolverse dado que los costes de no llegar a un acuerdo son abrumadores. 

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Ambas partes saben que se pierde menos cediendo que rompiendo por las malas. Pero el Brexit pesa demasiado. Sigue siendo insólito que un Estado miembro dé un portazo en un club que tiene cola para entrar. Si el divorcio sale mal, será un lío logístico y económico. Si sale demasiado bien, será una señal de debilidad para la UE: se puede salir y la vida sigue sin demasiadas complicaciones.

La firmeza con la que la UE defiende ahora sus principios con el Reino Unido debería ser la misma para tratar con los gobiernos húngaro y polaco, desde hace años envueltos en una deriva antidemocrática. El nuevo presupuesto de la UE debería contener un mecanismo para evitar derivas ultras. Pero el bloqueo de Orbán y compañía ha obligado a un nuevo arreglo que amenaza con descafeinarlo hasta hacerlo inútil. El límite de la flexibilidad es la pérdida de la credibilidad.