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Los afanes de Puigdemont

Lo fía todo a su intuición y decidirá en el último minuto su lugar en la lista de JxCat

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Puigdemont, en un mitin independentista en Perpinyà, el 29 de febrero del 2020.

Puigdemont, en un mitin independentista en Perpinyà, el 29 de febrero del 2020. / EFE / DAVID BORRAT

Puigdemont ha dominado Catalunya –a través de Torra– porque fue el ‘president’ legítimo destituido por el 155 y porque tuvo 13.000 votos más que ERC (aunque 60.000 menos que C's) en las elecciones del 2017. Y porque desde el exilio ha ganado sonadas batallas jurídicas y mediáticas a la judicatura española en Bélgica y Alemania. Y tiene indudable gancho para el público soberanista. Se comprobó cuando en el 2019 ganó las elecciones europeas el mismo día que ERC y el PSC fueron primer y segundo partido en las legislativas y municipales.

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¿Qué le interesa de cara a las próximas elecciones catalanas? Para reafirmar su liderazgo, volver a ser candidato a ‘president’ y ganar. ¿Qué es lo peor que le puede pasar? Ser candidato y perder. Quedaría desautorizado. Por eso ha decidido no ser candidato. Casi todas las encuestas predicen una victoria clara de ERC y colocan al PSC (en intención directa de voto) por delante de JxCat. Y su valoración es hoy inferior a la de Junqueras (CIS y CEO) e incluso a la de Iceta (CIS).

"Tirón" legendario

Las posibilidades de perder eran pues altas pese a su legendario “tirón” durante las campañas que tanto asusta a ERC. Por eso ha decidido no ser candidato a ‘president’, aspiración además poco creíble porque no volvió pese a su victoria del 2017, y esperar al último momento para concretar su posición en la lista JxCat. Puede cerrarla simbólicamente, con lo que su compromiso sería escaso y diluiría así su coste en una derrota de JxCat. O encabezar la de Girona, donde puede ganar con facilidad, lo que sería jugar algo mas fuerte. O incluso abrir la de Barcelona si decide implicarse a fondo. Dependerá del agua que vea en la piscina en el último minuto. Y puede que crea que un retraso electoral –si la pandemia va mal– le podría convenir.

Puigdemont ha cogido billete para el 14-F, pero todavía no ha decidido su implicación. Lo fía todo a su intuición. Cree que tiene ‘baraka’, pero las cosas se le están torciendo. Primero, el PDECat (con muchos alcaldes detrás) se ha rebelado y presenta lista propia. El CEO y el CIS les dan posibilidades de entrar en el Parlament y en Madrid ha perdido cuatro de sus ocho diputados, que tendrán foto propia en la votación de presupuestos. Y si el PDECAT saca 4 o 5 escaños, JxCat será el perjudicado y ERC le sacará más ventaja. Incluso Artur Mas se ha negado a seguir avalando a quien, contra todo pronóstico, cedió la presidencia en enero del 2016.

Sin acompañamientos

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Puigdemont otea inquieto el horizonte y quizá espera que un torpe ataque de alguna institución estatal le acabe impulsando como ya pasó en las europeas del 2019. Pero no está fino. Ninguno de los dos candidatos que este domingo pueden salir presidenciables de JxCat, Laura Borràs o Damià Calvet, es de su confianza. Borràs está en el maximalismo verbal de Torra, de excesiva creatividad y mínimo ‘seny’. Y Calvet encarna la CDC radicalizada de los ‘exconsellers’ Rull y Turull. Quizá sea algo más influenciable a través de Jordi Sànchez, pero solo por  su coincidencia en Lledoners con los 'exconsellers'.

Puigdemont, un individualista de fondo, se ha ido quedado progresivamente sin acompañamientos de peso. En política saltarse todas las reglas y deambular por el espacio confiando solo en su ‘baraka’ e intuición y en la ignorancia hacia Catalunya de la derecha española no es un seguro de vida. Entre otras cosas porque Pedro Sánchez –pese a la famosa frase de Josep Pla sobre el parecido entre un español de derechas y otro de izquierdas– no recuerda nada ni a Aznar ni a Rajoy.