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La película de Hidrogenesse

'La Casa Exagerada' es una película preciosa que condensa el exquisito gusto cinematográfico del grupo

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La película de Hidrogenesse

EL PERIÓDICO

‘La Casa Exagerada’ es una película preciosa. No tengo claro si se habla mucho de ello o no, pero incluso si se habla lo suficiente, debería hablarse todavía más del exquisito gusto cinematográfico de Hidrogenesse. Se cuela en sus canciones y en el imaginario que levantan en torno a ellas. Es más que evidente en sus recomendaciones en entrevistas y redes sociales, siempre atípicas y hechas con una espontaneidad admirable. Y, si tienes la suerte de conversar con ellos sobre cine, vuelves a casa con varios descubrimientos en las notas del teléfono.

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El martes estrenaron ‘La Casa Exagerada’, película que han escrito y dirigido. Es un videoclip, sí. Es el videoclip de la remezcla house que ha hecho Chico Blanco de una canción de su disco ‘Joterías Bobas’. Pero es también una película de siete minutos extraordinaria que destila amor al cine, mitomanía bien entendida y buen gusto. Y humor, mucho humor, un humor fuera del tiempo que brota de cosas tan diversas e insólitas como los pasos de baile estrella en las ‘raves’ inglesas de finales de los 90, la vista cansada, la receta del chucrut y la carta (“larga y exagerada”) que Marc Almond envió a la prensa en 1983 anunciando que lo dejaba.

Tocada por el espíritu de las manualidades del Michel Gondry de antaño, el de algunos videoclips, el de ‘La ciencia del sueño’ (2006), la película de Hidrogenesse muestra las rutinas (musicales, culinarias, estéticas y, sobre todo, dance) de los dos miembros de la banda, encerrados en una casita en miniatura. Tanto el diseño de ese hogar en chiquito (la maqueta sin techo que el pintor David Macho observa en un momento del corto con sus gafas de relojero), como los objetos que la habitan (esos pósters en las paredes) y el danzar de Carlos y Genís por esas estancias fabricadas con retales y cartón están hechos de cine. También de otras cosas, claro. Pero es complicado no rendirse a su personal homenaje a los decorados, a la cotidianidad con la que entran en escena las divas y demás estrellas, a su interpretación en miniatura del melodrama doméstico o a su amor por la coreografía y por una gestualidad propia del cine mudo. Y juro que la exagerada es la casa, no yo.

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