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La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, en un centro de votaciones.

La primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, en un centro de votaciones. / Europa Press

La crisis de la covid-19 pone de manifiesto la necesidad de una política que ofrezca calidad, eficiencia y rapidez en la gestión de la pandemia. Vivimos tiempos exigentes en los que la ciudadanía valora cada vez más la capacidad de gestión y de renovar las respuestas institucionales a los problemas y retos del país. Y no es casualidad que sea así. La necesidad de modernizar la agenda de soluciones es una tarea que arrastramos desde hace más de una década.

Hablamos de diez años encadenando crisis y estamos ante una sociedad que ha cambiado mucho la manera de trabajar, de estudiar, de viajar, de relacionarse, de consumir, etc. En cambio, da la impresión de que la institución no ha sido capaz de salir de su rigidez, para adaptar las políticas a una sociedad cada vez más heterogénea.

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¿Quién sabrá leer el momento y gobernarlo? Aquellos líderes que se parezcan a las personas que quieren representar. Gente que sea cercana, que esté preparada pero que evidentemente sea sensible y empática. Hoy sabemos que las formas de liderazgo colectivo, más capaces de tejer complicidades y alianzas, incluyendo voces diversas, hacen más sólidas las decisiones y aseguran un mayor impacto.

Ahora bien, aunque las mujeres representamos el 50% de la sociedad, no ocupamos los puestos de responsabilidad en la misma proporción. Cuando hablamos de talento, de experiencia, no somos visibles. Y en un momento como el actual necesitamos todo el talento del país al frente para llevarlo a cabo. Nos sabemos capaces de liderar cualquier administración, empresa o proyecto.

Hoy día, en pleno siglo XXI, solo podemos afirmar que hombres y mujeres somos iguales formalmente ante la ley. Se justifica la ausencia de mujeres en los círculos de poder alegando que no existen referentes femeninos en muchos de los ámbitos tradicionalmente masculinos: deportes, ciencia, tecnología, política... incluso en gastronomía, cuando nos referimos a chefs con estrellas Michelin. Es ineludible potenciar nuestra visibilidad. No falta talento femenino, sino visibilizarlo.

De hecho, el rol que en mayor o menor intensidad nos ha sido asignado por la sociedad patriarcal nos ha enseñado la necesidad de cooperar y trabajar en equipo. Y es precisamente lo que un contexto de pandemia, como el que nos encontramos, pide. Las mujeres líderes que irrumpen con fuerza nos demuestran que combinar la empatía con la firmeza y la eficiencia con la sensibilidad es una fórmula ganadora que mejora el impacto de toda política pública.

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Cuando hablamos de la necesidad de que las mujeres lideren nuestras ciudades, nuestro país, especialmente en un contexto de cambio, no hablamos solo en términos de conquista de derechos o de justicia. Lo hacemos, sobre todo, en términos de calidad democrática y de mejor gobernanza. Más mujeres, nuevas respuestas, mejor política.

*Mireia Ingla, alcaldesa de Sant Cugat. Elisenda Alamany, concejala en el Ayuntamiento de Barcelona y consejera metropolitana.