29 oct 2020

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TECNOLOGÍA

Un hombre organiza los iconos de varias redes sociales como Facebook, Instagram y Twitter en la pantalla de su móvil.

AFP / KIRILL KUDRYAVTSEV

¿Un mal otoño para monopolios desbocados?

Liliana Arroyo

Su modus operandi revienta cualquier oportunidad competencial. Y más ahora, con una pandemia como tormenta perfecta.

Hemos pasado años hablando del ámbito digital como un campo inmenso e imposible de vallar, pero nos quedaba mucho por ver. Las grandes firmas tecnológicas, conocidas como 'Big Tech', han galopado a sus anchas a lomos del crecimiento exponencial. Por el camino han disrumpido muchos ámbitos de la economía, han disuelto sectores y han difuminado el contrato social del trabajo, tanto a escala local como internacional. Su modus operandi revienta cualquier oportunidad competencial. Y más ahora, con una pandemia como tormenta perfecta, donde la alternativa virtual se nos ha vuelto cómoda, cotidiana y por supuesto aséptica.

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Google (Alphabet), Apple, Facebook y Amazon han dejado de ser empresas al uso. Su ambición es repartir el pastel en cuatro porciones. Trabajan duro todos los días para saciarnos con sus productos y servicios. Quieren que dejemos nuestra vida en sus manos, desde nuestra salud a nuestro trabajo, pasando por la educación de nuestras criaturas. Nos quieren llenar la nevera de comida y la cabeza de ideas, mientras van creando sus propios mercados a base de absorciones. Se sienten cómodas en el monopolio, garantizado a base de adquirir a la competencia, comprar las 'start-ups' con ideas rompedoras y asfixiar a los intermediarios. Y eso solo puede ir a más. Según la consultora McKinsey, si no cambiamos nada, en 10 años amasarán el 30% del PIB mundial.

Se han convertido además en actores políticos. Aunque durante años se han escudado en la neutralidad y la exención de responsabilidad sobre el contenido, han usado la libertad de expresión como estandarte para dejarnos decir, mientras eligen a conveniencia el volumen y el alcance de nuestra voz. Ahora ya hemos entendido que el mercadeo de nuestros datos es solo una parte del problema, porque está claro que nuestros sesgos están cada vez más atravesados por sus algoritmos y el diseño de sus dispositivos. Son claramente intervencionistas respecto a nuestra atención, nuestros anhelos y nuestras oportunidades. Después del escándalo de Cambridge Analytica las bautizaron como máquinas de propaganda. Esta semana Facebook y Twitter han entrado abiertamente en campaña, limitando circulación del contenido dudoso que afectaba a Biden antes que se verificara.

Es una buena noticia que en 15 días tanto Estados Unidos como Europa (alentada por Francia y Países Bajos) estén proponiendo medidas para supervisar y controlar a las 'Big Tech'. Lo que echo de menos que se haga primordialmente por cuestiones de salvaguardar la competencia. Si bien me parece sana y necesaria - la libertad siempre pasa por disponer de alternativas y contar con capacidad de elegir -, no me parece condición suficiente. Hemos quedado que son agentes económicos, agentes políticos y también sociales, ¿por qué quedarnos solo en lo monetario? Necesitamos una enmienda a la voracidad del capital. En realidad, la única salida que tenemos es aprovechar este acecho otoñal en pro de la justicia social y ambiental.