21 oct 2020

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IGUALDAD

La revolución feminista

ANNA BAQUERO

La revolución feminista

Emma Riverola

La consideración de que el género y el sexo puede ser fluido no significa borrar la lucha contra la discriminación femenina, contra una estructura patriarcal, asfixiante y mutiladora

De nuevo la Biennal del Pensament. En el recuerdo, el éxito rotundo de la edición anterior, en octubre del 2018, cuando los espacios podían acoger multitudes, y las acogieron. Sí, plazas atestadas de público, especialmente joven, con ganas de escuchar, hablar, pensar y repensarse. Cerca de 20.000 personas participaron en la edición. La filosofía demostró que es necesaria y deseada. El momento olía a inconformismo, a la búsqueda de nuevas respuestas ante un mundo plagado de desconciertos. “Ningún barbudo, ningún patriarcón, ha conseguido hacer la revolución. Lo han intentado reiteradamente y no lo han conseguido. Vamos a intentarlo nosotras”, afirmó la antropóloga argentina Rita Segato en su conferencia. Inconformismo y feminismo de la mano.

La filósofa Judith Butler debatió con la también pensadora Fina Birulés moderadas por Marta Segarra. Tres filósofas feministas de referencia y un diálogo de lujo en plena calle, ante la mirada atenta de una multitud que se sentía cómplices de una misma lucha. Un feminismo que mostraba su voluntad de ir más allá de la lucha por la igualdad de género y que denunciaba las estructuras de poder, la violencia institucional y que buscaba nuevas formas de solidaridad para combatir actitudes fóbicas.

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Un año antes, una conferencia de Butler había provocado la ira callejera en Sao Paulo. “No a la ideología de género” rezaba una de las pancartas. La acusaban de ser destructora de la familia y de los valores tradicionales. Brasil se preparaba para la victoria de Jair Bolsonaro. En la Hungría de Orbán se desterraban los estudios de género de las universidades al mismo tiempo que se retiraba el musical ‘Billy Elliot’ de la ópera de Budapest asediado por una campaña homófoba. En España, el autobús de Hazte oír -los amigos de Vox- paseaban su mensaje tránsfobo: “los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si naces mujer, seguirás siéndolo”. Y así, de un plumazo, se mofaban de los derechos humanos reconocidos por la ONU e incitaban a la discriminación y el odio. Bolsonaro, Orban, Trump y tantos otros se auparon al poder vanagloriándose de su dominio sobre otros cuerpos. Cuerpos de mujer, pero también de todos aquellos que consideraban menos valiosos. Por identidad y orientación sexual o por discriminación racial. 

De cuerpos habla Butler, cuando sostiene que el género y el sexo son construcciones sociales. De cuerpos también hablaba aquella multitud entusiasta que participó en la bienal del 2018. De todo tipo de cuerpos. También los que no encajan en el binarismo hombre-mujer considerado ‘normal’ y que las rígidas estructuras patriarcales (binarias y heterosexuales, por supuesto) expulsan a los márgenes, al lugar del sufrimiento. El feminismo ‘queer’ surgió en la calle, en la lucha de esos cuerpos a los que se les veta el acceso a una vida digna. Las académicas como Butler le dieron consistencia teórica y la onda expansiva despertó conciencias y activismo.

Una parte del feminismo teme que las políticas igualitarias se desdibujen si se aparca la biología, si se abre paso a nuevas fórmulas para entender la identidad, más allá del sexo asignado al nacer. Se apunta, por ejemplo, la desigualdad que supone la inclusión en las competiciones femeninas a personas nacidas como ‘hombres’ o a la supuesta amenaza que representan en espacios como las cárceles. Pero cuesta entender que no haya formas de regular estas situaciones muy minoritarias y, por el contrario, se opte por negar la realidad de muchas personas -no binarias, trans o intersexuales- que existen, que sufren y que deben encontrar un refugio. ¿Si no es en el feminismo dónde será? La consideración de que el género y el sexo puede ser fluido no significa borrar la lucha contra la discriminación femenina, contra una estructura patriarcal, asfixiante y mutiladora, que es capaz de generar constantes relatos, artificios y espejismos para mantenerse. Si cambiamos la percepción del cuerpo, si lo desprendemos de las reglas y las sanciones, de los límites y los terrenos prohibidos, cambiamos el mundo.

Alternativas al sistema

Leo con estupefacción incontables referencias a lo ‘queer’ como si de una religión o una secta se tratara. Las acusaciones de contubernio con el neoliberalismo son pasmosas, ya que la necesidad de crear alternativas al sistema y la denuncia de sus abusos siempre ha estado en la esencia del movimiento. Butler, una de las pensadoras más potentes y relevantes de la actualidad, es desprestigiada cuando no ridiculizada desde tribunas feministas. Borrada su denuncia de los múltiples rostros de la precariedad, su propuesta de construir una alianza política para hacer una “vida vivible” para todos. 

Miro al pasado reciente, a esa Biennal del Pensament hace dos años, a la masiva manifestación del 8-M del 2018 que recorrió las principales calles de todo el país, abarrotada de vida, de jóvenes y de orgullo feminista. Recuerdo y temo que algo se haya perdido por el camino. Algo que trató de combatir la ultraderecha. Algo muy cercano a una revolución.

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