Editorial

Monstruos supremacistas

El "nacionalismo blanco" es un creciente y serio peligro para la seguridad y las libertades. Detenerlo es un obligado gesto de autodefensa de la democracia

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El Periódico

Detención de dos hombres en Lleida por ensalzar acciones terroristas racistas, el pasado septiembre. / VÍDEO: MOSSOS D'ESQUADRA

Como en otros momentos de la historia, en esta época de crisis global, económica y social, acentuada por la pandemia y por sus consecuencias, aparece el monstruo de las tendencias extremistas que abogan por la práctica de la violencia para imponer la idea del supremacismo blanco, una guerra racial contra minorías étnicas y también un ataque a otros colectivos, por razones de género. El llamado «nacionalismo blanco» procede de los Estados Unidos y se desarrolla a la sombra ideológica del Ku Klux Klan y de los grupos 'alt-right' de extrema derecha, con tambores cercanos de confrontación civil. Y también ha desembarcado en Europa, en España y en Catalunya, donde empieza a ser una amenaza real, en un territorio donde el fascismo no es precisamente desconocido.

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El uso de las redes sociales, la capacidad de captación de adeptos y la utilización de la delicada situación que vivimos son instrumentos y reclamos de un movimiento que se basa en teorías conspirativas y defiende la violencia como método. El fenómeno es un creciente y serio peligro para la seguridad, las libertades y el futuro de nuestras sociedades. Detenerlo es ni más ni menos que un obligado gesto de autodefensa de la democracia.