23 oct 2020

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Editorial

Indultos para la distensión

Indultar a los presos independentistas no resolverá de un plumazo el conflicto que vive Catalunya, pero constituiría un paso para apaciguar la polarización de la sociedad catalana

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El Periódico

Algunos de los presos del 1-O a las puertas de la prisión de Lledoners, en Sant Joan de Vilatorrada, en julio.

Algunos de los presos del 1-O a las puertas de la prisión de Lledoners, en Sant Joan de Vilatorrada, en julio. / EUROPA PRESS / PAU VENTEO

El anuncio de la tramitación de indultos para los líderes independentistas presos ha abierto un debate donde predominan las emociones sobre los argumentos. La derecha ha clamado al cielo confundiendo de manera interesada indulto con amnistía. Como si indultar ofreciera impunidad en vez de suponer el perdón, la gracia, por una actuación que no deja de considerarse como contraria a la ley. Los políticos independentistas también han reaccionado negativamente, aunque con matices, insistiendo en la petición de amnistía. Ambas actitudes no hacen sino confirmar el acierto del Gobierno en escoger la vía del indulto como la más inmediata para abrir una nueva etapa en el conflicto catalán. Y como la que puede suponer la salida de la cárcel, en un plazo breve, de unos presos que pronto cumplirán tres años de reclusión. 

Quienes se muestran contrarios al indulto suelen denostarlo como una medida excepcional, cuando se trata de una prerrogativa que han usado todos los gobiernos. De él se han beneficiado, en las últimas décadas, ciudadanos de a pie, pero también políticos, banqueros, jueces o militares involucrados en el golpe del 23-F. Y su otorgación nunca supuso concluir que Alfonso Armada, José Barrionuevo o Jesús Gil no fueran responsables de haber quebrantado la ley. ¿Si así fue, por qué no debiera serlo para los 13 condenados por el ‘procés’? Se puede aducir que fueron condenados por actuaciones que tuvieron un gran impacto social, pero también conviene recordar que el delito de sedición que se les imputó ha suscitado una fuerte controversia jurídica, hasta el extremo que el propio Gobierno se propone revisar su formulación en el Código Penal.

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Indultar a los presos independentistas no resolverá de un plumazo el conflicto que vive Catalunya. Sin embargo, constituiría un paso para apaciguar la polarización de la sociedad catalana. El perdón supondría un acto de distensión entre los dos bloques que han cristalizado tras la deriva unilateral del ‘procés’ y la falta de respuesta política por parte del Gobierno de Mariano Rajoy. El indulto en sí mismo no es una medida política, pero facilitaría el camino para que la mesa de diálogo que defienden el Gobierno y una parte del independentismo pudiera implementarse tras las elecciones catalanas. Permitiría aislar los adalides de la confrontación permanente, y los partidarios de una judicialización extrema de la política. Abriría el camino de la reconciliación por el que quieren transitar la mayoría de los catalanes y el grueso de la sociedad española.