30 oct 2020

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El público del Liceu durante el recital de Radvanovsky y Beczala.

MANU MITRU

Militantes sí, héroes no

Xavier Bru de Sala

Bravo pues por la multitud de los que no se dejan intimidar pero toman al mismo tiempo todas las medidas para hacer seguros los espacios de la cultura

Ahora que hay que andar con pies de plomo con el vocabulario, cuesta explicar por qué la palabra 'héroe' no ha sido denunciada y vilipendiada por todas aquellas que están en contra del dominio patriarcal. En la Ilíada el héroe, una vez llorada la pérdida de los suyos, hunde con fruición la espada clavícula abajo de los inocentes que suplican. En el mundo moderno, los héroes ya no suelen ser militares, sino bomberos, sanitarios o maestros que se esfuerzan por hacer su trabajo en condiciones adversas.

A la contra, la cultura patriarcal ha inventado un tropel de nuevos héroes mortíferos, al estilo de los clásicos, que no hacen sino seguir los patrones de dominio violento del macho bajo un físico femenino.  Héroes no. Patriotas tampoco, si no es de una patria inocua, por ejemplo una inexistente pero no inimaginable 'matria'. Si a la cobardía y al miedo nos enfrentamos, y de eso se trata cuando nos planteamos asistir al teatro o al jazz de Terrassa o al Ciutat Flamenco, basta y sobra con una actitud modestamente militante. Lo que por fortuna y con una callada y amordazada ejemplaridad practican los que, mucho más numerosos de lo que se podría haber pensado, llenan hasta donde es permitido los spacios de la cultura y, por responsabilidad, se abstienen de bajarse la mascarilla aunque nadie se fije.

A pesar del riesgo que suponen las crecientes evidencias de la transmisión por aerosoles, aunque la curva de contagios se eleva, las cifras de asistencia a los espectáculos culturales en directo que van llegando, también en espacios cerrados, son buenas o muy buenas. Bravo pues por la multitud de los que no se dejan intimidar pero toman al mismo tiempo todas las medidas para hacer seguros los espacios de la cultura. A ver si, tal como son preferibles, y de largo, los militantes a los héroes, podremos volver a distinguir sin rodeos entre cultura y entretenimiento, entre manifestaciones artísticas, por naturaleza enriquecedoras, y prácticas colectivas de ocio, contra las que no habría nada que objetar si la seguridad no se relajara de forma tan irresponsable.