La hoguera

A los panchitos les gusta apiñarse

Los inmigrantes, como son de otra cultura, viven apiñados en pisos de 50 metros cuadrados. A ellos es que les gusta mucho vivir así

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La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la Asamblea de Madrid.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, en la Asamblea de Madrid. / JUANJO MARTÍN (EFE)

Los inmigrantes, como son de otra cultura, viven apiñados en pisos de 50 metros cuadrados. A ellos es que les gusta mucho vivir así. Los chinos, como son más pequeños de estatura, no te llenan un piso de Usera de 45 metros ni juntándose ocho, por eso los honestos dueños de viviendas se los alquilan a tanta gente. Si son negros es más fácil todavía, porque en las tumbonas de la galera se acostumbraron a dormir uno con la cabeza en los pies del otro, y de esta forma se empacan mejor y ocupan menos espacio. Optimizan.

Es todo por las culturas que tienen, le cogieron el gusto a vivir así y no somos quiénes para meternos. ¿Por qué si no iban a estar todos juntos en ciertos barrios? Si prefirieran tomar el aire se esparcirían un poco y residirían desde zonas con calles anchas, con árboles de sombra, y habitarían pisos amplios con buena terraza en el barrio de Salamanca de Madrid o en Pedralbes, de amplias aceras, en vez de meterse todos en el Raval o en Carabanchel entre meadas de gato. ¿No habéis visto a los moros en La Meca, cómo se apiñan? Pues eso. La cultura. Su cultura. 

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Esta es, más o menos, la explicación que han dado algunos políticos al hecho palmario de que los barrios del sur de Madrid estén sufriendo un rebrote de coronavirus que ha dejado a los centros de atención primaria desbordados. La forma de vida. Las costumbres. El gusto por el gentío. La elección. Porque todo es cultura y la cultura lo explica todo.

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Ya no hay clases sociales. Ya no hay condiciones materiales. Ya no hay economía. Y no hay otra perspectiva que la puñetera intersección de esencias varias, de preferencias empoderadoras y defectos de nacimiento, tan a mano siempre para la izquierda de Malasaña y la derecha nacionalista y crucificial. Por eso se llena el metro a ciertas horas en las que cualquiera con dos dedos de frente estaría en casa, teletrabajando, como hago yo para escribir esto.

En fin. Si no usamos más la guillotina debe ser también porque no es algo de nuestra cultura.