23 sep 2020

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opinión

Pablo Isla, presidente de Inditex.

AFP / MIGUEL RIOPA

Inditex y la fidelidad a la estrategia

Eduardo López Alonso

La multinacional recurre a su ADN y basa su gestión en la adaptacion a la demanda y el ahorro en inventario

Hace años participé en una competición de estrategia empresarial. Se trataba de encumbrar una teórica empresa de nueva creación y tomar decisiones de gestión en un entorno de competencia. Después de tres rondas estabamos al frente del concurso, fundamentalmente por haber capeado una crisis de alza de precios de materias primas y haber sabido comprar a buen precio. Había en la siguiente ronda que tomar una decisión estratégica y la mayoría decidió el acopio y engrosar estocs (algo que en el pasado había elevado la valoración de la empresa), frente a la posición de lanzar una campaña comercial difícil de seguir por los adversarios (convencer es virtud que se me escapa). El resultado fue que de ser líderes del mercado, el equipo fue eliminado. La estrategia de aumentar el valor de la empresa por la vía de incrementar sus activos inmobilizados fue errónea para el sistema de juego, aunque en términos contables no era totalmente incorrecta. Las enseñanzas fueron múltiples. En primer lugar, el mercado premia a los osados con ilusión. La segunda que el liderazgo no se asienta en acertadas tomas de decisiones del pasado sino en las buenas decisiones para el futuro. Inditex es fiel a su estrategia y su presidente, Pablo Isla, mira al medio y largo plazo. Así, su estrategia se basa en la confianza en que las cadenas de aprovisionamiento no se romperán pese a cualquier pandemia. Ante una indudable caída de las ventas, ajusta los estocs y recorta los gastos de inventario (menos prendas almacenadas). Es fiel a su modelo y las cadenas de aprovisionamiento deben de ser tan rápidas como lo efímero de los productos de moda en las tiendas de Inditex. Ajustar los costes variables sin tensionar a la plantilla y apostar por ser el líder de la venta 'on line' mundial  en moda es el objetivo. Los mercados premian la confianza y vapulean las decisiones conservadoras.