27 sep 2020

Ir a contenido

análisis

Boris Johnson.

AFP / STEFAN ROUSSEAU

Boris plantea un 'trueque'

Ruth Ferrero-Turrión

A Bruselas les planteará un 'quid pro quo', si me permites quedar libre de la política de la competencia, a cambio la frontera irlandesa no se toca, de lo contrario, sigo adelante y me refugio en mi marco constitucional

Nuevo curso y con él vienen las nuevas temporadas de culebrones que habían quedado ocultos tras el covid-19. Uno de ellos, el 'brexit' ¿lo recuerdan? Después de firmar un acuerdo de salida que costó años de negociaciones y el puesto a varios primeros ministros británicos, llega el ¿y si cambiamos este punto que no me conviene?

No vamos a contar aquí los detalles pero, básicamente, a Boris Johnson no sólo no le convence el acuerdo firmado con los 27 sino que además está intentando hacer una doble jugada que igual y hasta le sale bien. El 'premier' británico acaba de presentar ante el Parlamento, House of Commons, dos propuestas de ley que han sabido a cuerno quemado a Bruselas.

Por un lado, la Ley del Mercado Interno que apela como fundamentos jurídicos aquellos establecidos por la Unión de 1707 entre Inglaterra y Escocia y los de Gran Bretaña e Irlanda de 1800 donde quedaban abolidos todos los derechos de aduana entre los territorios del Reino Unido. Y claro, este marco legal choca frontalmente con lo acordado con Bruselas en relación con el Protocolo sobre Irlanda del Norte. Por otro, todavía en preparación, el Proyecto de Ley de Finanzas que incluiría una cláusula para evitar que la UE exija la imposición de aranceles a los bienes enviados desde Gran Bretaña hacia Irlanda del Norte, que, en principio, según el acuerdo, no tiene frontera con la República de Irlanda.

Unidad de mercado

Lo que Londres ha querido mostrar tras este movimiento ha sido que rechaza de pleno los principios de efecto directo y supremacía del derecho de la UE sobre sus leyes nacionales y, por tanto, no reconocen la capacidad de Bruselas para imponer ningún tipo de condiciones a sus productos y, mucho menos, para quebrar la unidad de mercado establecida por el 'Common Law'. Desde luego, esta maniobra no la han visto venir desde Bruselas. Y tanto ha sido así que los 27 amenazan con llevar al Reino Unido al Tribunal de Justicia de la UE alegando que estos proyectos de ley rompen con la legalidad internacional.

Pero como Boris no da puntada sin hilo, también ha aprovechado la coyuntura para poner en marcha un proceso recentralizador de competencias, incluido en la Ley de Mercado Interno, con la firme intención de recuperar un sistema tributario centralizado que dejó de existir en 2016 cuando Escocia consiguió las transferencias del impuesto sobre la renta.

Con este panorama el otoño se presenta interesante a rabiar. No parece sencillo para Johnson, con el frente interno abierto en canal, el covid-19 campando a sus anchas y la disputa con Bruselas, y, sin embargo, pase lo que pase Boris tiene su estrategia bien tejida. A Bruselas les planteará un 'quid pro quo', si me permites quedar libre de la política de la competencia, a cambio la frontera irlandesa no se toca, de lo contrario, sigo adelante y me refugio en mi marco constitucional.

Jugada ganadora, al menos frente a los suyos, que compran el discurso de la defensa de la soberanía, a la interna y a la externa, y el orgullo nacional, junto con grandes dosis de euroescepticismo.