EDITORIAL

Las frágiles burbujas del fútbol

Los protocolos no solo deberán incluir medidas sanitarias, sino reglas claras en la competición ante eventuales rebrotes

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El entrenador del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone, durante un entrenamiento, el pasado 9 de mayo.

El entrenador del Atlético de Madrid, Diego Pablo Simeone, durante un entrenamiento, el pasado 9 de mayo. / AFP / ATLÉTICO DE MADRID

A punto ha estado la detección de dos positivos del covid-19 en la plantilla del Atlético de Madrid de hacer saltar por los aires el dispositivo establecido por la UEFA para que Champions League pueda jugarse en el inédito formato de 'play offs' confinados en una única sede, Lisboa. Según los análisis realizados, solo dos jugadores estarían afectados y el resto del plantel estaría libre del contagio. De haber sido mayor la afectación (o si aparecen nuevos contagios que contradigan el optimismo que han transmitido los responsables médicos) se podría haber puesto en compromiso la misma celebración de este tramo final de la competición, sobre todo una vez iniciada la cadena de contactos entre los clubes implicados. Que los protocolos para que la competición profesional se mantenga de forma segura tienen brechas lo ha demostrado el caso del Fuenlabrada, que ha complicado enormemente la finalización de la Segunda División y mantiene aún en un suspense deportivo y judicial qué equipos participaran en Primera el año que viene.

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Los protocolos que han de permitir que el fútbol profesional no se detenga y el entramado sostenido en los derechos televisivos no se derrumbe sumiendo un sector más en una crisis aún más profunda deberían incluir también previsiones, desde el punto de vista no solo sanitario sino competitivo, para que los nunca descartables brotes  en los clubs participantes no creen un caos en el calendario. Cuando algunos clubs empiezan su preparación de la próxima temporada, otros están encarando el final de esta; incluso si se consigue que finalicen según lo previsto, muy probablemente será necesaria una revisión de las medidas sanitarias, incluso si eso supone un grado de aislamiento incómodo para unos deportistas que en las últimas semanas no siempre han demostrado la responsabilidad necesaria.

Y esto en lo que respecta al fútbol profesional. En las categorías no profesionales, sin las posibilidades necesarias para cumplir los exigentes protocolos sanitarios, no hay burbuja posible. Solo una mejora notable del desarrollo general de la pandemia podrá permitir que cientos de miles de deportistas vuelvan a las competiciones sin que estas se puedan convertir en una vía de propagación de la enfermedad.