29 oct 2020

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PIEDRAS O GENTE

Manifestación de pensionistas en el centro de Bilbao para exigir unas pensiones dignas, en febrero del 2018.

EFE / MIGUEL TOÑA

La ciudad son las personas

Juli Capella

Desde que llegó la democracia, las urbes se han utilizado como altavoz de cambio

A los arquitectos nos gusta publicar fotos sin gente. Bellas edificaciones imponentes donde no estorben los detalles. Solemnes interiores vacíos. Donde la composición no quede enturbiada por el paseante intruso. Pero luego es la gente la que va a vivir –¿sufrir?– allí dentro. Y la que va a tener que aguantar ese edificio en la calle durante décadas. Hay dos formas radicales de entender que es la ciudad: piedras o gente. Es decir, su morfología, sus edificaciones y espacios públicos. O por el contrario los habitantes que la han ido conformando y le dan vida. Obviamente la ciudad surge de la conjunción de ambas perspectivas, pero debería quedar clara la prioridad. 

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Son los ciudadanos los que han erigido las ciudades, no los edificios a la gente. Escenario 'versus' vital carnalidad. Lo explica muy bien el libro 'Bilbao, la gente', donde se repasa a través de testimonios personales, cómo cada metro cuadrado de ciudad ha sido campo de juego ciudadano desde que llegó la democracia. Como dice el autor, Mikel Toral, "la ciudad es su gente y la gente puede cambiar las cosas", y las casas, podríamos añadir.

Entre las emotivas imágenes del fotógrafo Mikel Alonso que ilustran el libro, hay dos que parten el alma. Una de 1978 donde un grupo de jubilados, algunos apoyados en muletas, piden con una pancarta pensiones dignas que el franquismo les negaba. Justo abajo se publica otra foto similar, pero tomada en el 2018, con gente mayor también –tal vez los hijos de los primeros, ya fallecidos– pidiendo en su pancarta lo mismo, unas pensiones dignas, que la democracia tampoco les garantiza. Cuarenta años de diferencia reivindicando lo mismo, usando la ciudad como altavoz de cambio.

Bilbao, Barcelona, hermanadas en la belleza arquitectónica, pero sobre todo pugnando por ser ciudades humanas, valga la redundante idiotez, pues a nadie se le ocurriría llamar ciudad a un conjunto de construcciones vacías, por muy bellas que fueran. Acabemos con Shakespeare: "¿Qué es la ciudad sino la gente?".