28 sep 2020

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Los borbones y la historia

Juan Carlos I.

AP / DANIEL OCHOA DE OLZA

El rey de un pueblo traicionado

Andreu Mayayo

Las abdicaciones y las huidas regias coinciden históricamente con graves crisis políticas y económicas

Paul Preston publicó en el año 2003 una hagiografía de Juan Carlos I con el subtítulo 'El Rey de un pueblo'. El año pasado publicó su último libro, 'El pueblo traicionado', en que documenta y sostiene la tesis de la corrupción e ineptitud de la clase política dirigente, empezando por la monarquía, en la historia contemporánea española como el pecado original y la principal causa de la enfermedad de nuestra sociedad. La reciente huida del rey emérito enlaza las ideas fuerza explicitadas por el conocido hispanista inglés y describe la caída a los infiernos de un rey, que no fue hijo de rey pero si padre de rey, y amenaza al rey titular, que sí ha sido hijo de rey pero que quizás no sea padre de reina. 

En la historia e intrahistoria de la monarquía española en los dos últimos siglos hay más majas desnudas que vestidas y, sobre todo, pinturas negras de La Quinta del Sordo, desde 'Duelo a garrotazos' a 'Saturno devorando a un hijo'. Intrigas palaciegas; guerras fraticidas (llamadas carlistas); reinas sí (como Isabel II) pero con preeminencia masculina (como el mismo Felipe VI); reyes uterinos (el futuro Alfonso XIII, que si nacía varón dejaba sin trono a sus hermanas), reinas (Isabel II) y reyes (Alfonso XIII) bebés;  madres regentes (Maria Cristina  de Borbón-Dos Sicilias y Maria Cristina de Habsburgo-Lorena) , reyes adolescentes (Alfonso XII, con 17 años, y Alfonso XIII con mayoría de edad a los 16); abdicaciones  (Carlos IV, Fernando VII, Juan Carlos I); huidas (Isabel II, Alfonso XIII y el emérito Juan Carlos I); y todos con el riñón bien cubierto. Quizás la excepción sea el único no Borbón, Amadeo I de Saboya , el rey demócrata, elegido por las Cortes en 1870 y que, tras dos años de reinado, abdicó renunciando a violentar la Constitución democrática de 1869, con lo cual llegó de improviso la efímera Primera República. 

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Las abdicaciones y las huidas regias coinciden históricamente con graves crisis políticas y económicas. Empezando por la crisis del Antiguo Régimen espoleada por la expansión del imperio napoleónico, al  quen, Carlos IV y su hijo Fernando VII dejaron el trono libre. La resistencia fue nacional (la guerra de la independencia) pero, sobre todo, liberal, que permitió la aprobación de una de las constituciones (la de 1812) más avanzadas de su época y abrió las puertas a la independencia de las colonias americanas. Fernando VII, el deseado, nada más llegar se la pasó por el forro. 

La Gloriosa revolución de 1868, que provocó la huida a París de Isabel II, coincidió con la gran crisis financiera internacional, que redujo el PIB en un 13%. Solo el inicio de la Guerra Civil (1936) y el confinamiento a causa de la covid-19 (2020) han superado el bajón porcentual del PIB español. El apoyo de Alfonso XIII a la Dictadura de Primo de Rivera y las consecuencias económicas del 'crack' de 1929 alumbraron el nacimiento de la Segunda República. Pocos meses antes José Ortega y Gasset había publicado un artículo en donde sentenciaba a la monarquía: 'Delenda est monarquia'. Tras el plebiscito de las elecciones municipales de abril de 1931, a favor de las candidaturas republicanas, y ante la indiferencia del Ejército y la Guardia Civil, Alfonso XIII emprendió el camino del exilio. 

Preston pone como ejemplo de servicio al bien común y de menor corrupción política el periodo de la transición a la democracia española. Una excepción motivada, en su opinión, en la voluntad de los líderes políticos de pasar página al franquismo sin andar otra vez por la senda guerracivilista. ¿Y por qué volvemos, a finales de los ochenta, a cerrar un paréntesis de éxito y volvemos a las andadas? Sobre el caso que nos ocupa, Juan Carlos I, Preston opina que se debe a “que el Rey debió de haber pensado que, después de que le robaran la infancia y la adolescencia, y después de jugarse el pellejo por la democracia, le tocaba un cómodo descanso del guerrero”. 

No obstante, como publicó Rebeca Quintáns ('Un Rey golpe a golpe', con el seudónimo de Patricia Sverlo, tres años antes de la hagiografía de Preston), Juan Carlos, antes de acceder al trono, ya cobraba comisión por los barriles de petróleo importados de Arabia Saudita. Luego la familia saudita (los reyes Khalid y Fahd), pero también otras monarquías del golfo, financió generosamente las necesidades 'reales' e incluso políticas, como las campañas electorales de la UCD, dopadas con petrodólares fruto de un préstamo personal, que Juan Carlos nunca devolvió, por un importe de 100 millones de dólares. Curiosa coincidencia.