El tablero catalán

Una vacuna ineficaz contra el soberanismo

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Pedro Sánchez y Felipe VI, este viernes, antes de la conferencia de presidentes, en San Millán de la Cogolla (La Rioja).

Pedro Sánchez y Felipe VI, este viernes, antes de la conferencia de presidentes, en San Millán de la Cogolla (La Rioja). / EUROPA PRESS / JESÚS HELLÍN

Hay que ser muy mal jugador para sentarse en una mesa de póquer sabiendo que la baraja está marcada. Y las cartas de la conferencia de presidentes que Pedro Sánchez convocó en San Millán de la Cogolla tenían más señales que las que resbalaban en un su día por las mangas de los míticos tahúres del Mississippi.

La cumbre tenía dos objetivos. El primero era seguir solidificando la aura de supergobernante de Pedro Sánchez, a pesar de que el PIB se haya derrumbado un 18% en el segundo trimestre, seis puntos por encima de Italia, que ha padecido la pandemia con la misma intensidad y tomó medidas de confinamiento similares para combatirlas. 

Aplausos preparados en Europa, aplausos preparados en el Congreso de los Diputados y fotografía con los presidentes autonómicos que permitiera añadir una guinda con la que adornar, en clave interna española, el pastel del hombre que todo lo puede: '¡Europa a mis pies! ¡España a mis pies! '

El segundo objetivo era una versión monárquica del «supervitaminizarse y mineralizarse» del gran SuperRatón de la 20th Century Fox. Después de una gira por las Españas para saludar a los súbditos y poner distancia con los escándalos de su papá, Felipe VI encajaba manos con los presidentes autonómicos acompañando a Pedro Sánchez y, de este modo, la arquitectura institucional del estado enseñaba lo buenas e indestructibles que son sus soldaduras.

Todo en su sitio. El rey, el gobierno y las autonomías.

Euskadi amagó con amargar el dulce. Pero, finalmente, cobrando de nuevo por anticipado loa honorarios, como es habitual en la política, su lehendakari, Iñigo Urkullu, apareció como un mago con sombrero de copa incluido. 

Sólo la Catalunya de Quim Torra creyó emborronar la cita del pasado viernes, imposibilitando la imagen que en teoría se pretendía. Pero en realidad pasó lo que Pedro Sánchez quería que pasase. Como en la canción de Joaquín Sabina «estaban todos menos tú»; así que, querido, la culpa debe ser más tuya que de los demás.

Teatralización 

Si se mira tras el cortinaje es indudable que nadie contaba con Catalunya en esa conferencia de presidentes y que el rasgar de vestiduras posterior a cuentas del particular no es más que una teatralización. Porque lo cierto es que pasó justamente lo que se pretendía: que estuviesen todos menos Torra para poder culpabilizar al ausente con los argumentos propios de un piloto automático mental:  con la que está cayendo con la Covid-19, la crisis económica que tenemos encima de la mesa y Torra en casa con su mascarilla sin enterarse de las reglas del mundo nuevo tras la pandemia.

A Torra le ha caído la del pulpo y, sin embargo, en esta ocasión no tenía elección. Con los presos de vuelta a la cárcel por iniciativa de la fiscalía, con ERC  dando por hecho -por boca de su jefe de filas en Madrid, el esforzado twittero Gabriel Rufián- que el PSOE ya no tiene porqué contar con ellos ahora que C’S ha vuelto a ponerse en el mercado del ligoteo, con la mesa de negociación entre el ejecutivo español y el catalán en el limbo por los siglos de los siglos y con unas elecciones catalanas a la vuelta de la esquina era imposible que el presidente catalán pudiese asistir a una cumbre que no tenía otro objetivo que la adoración a Pedro Sánchez y, de rebote, también un poquito a Felipe VI.

Existe en el Madrid político el convencimiento de que la crisis económica derivada de la COVID-19 va a actuar como sedante del problema territorial catalán. No va a ser así.  Los anticuerpos de los votantes nacionalistas están entrenados para resistir los cantos de sirena más hermosos, incluyendo los estribillos sobre los criterios de reparto de los fondos europeos entre las CC.AA.

La encuesta del CEO

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Tan sólo hace falta escudriñar entre los datos del último trabajo del CEO para darse cuenta de que, con Covid-19 o sin ella, la mayoría de los votantes catalanes van a revalidar la mayoría absoluta del independentismo y que el protagonismo de las opciones menos pragmáticas en estos momentos -CUP y JXCAT- seguirá siendo algo más que muy relevante.

En nueve de cada 10 libros de autoayuda puede leerse la sandez de que una crisis es, en el fondo, una oportunidad. Entre los gobernantes españoles se ha instalado la certeza que las consecuencias económicas de la covid-19 son esa oportunidad para acabar definitivamente con, a sus ojos, la sinrazón soberanista. Voilà: Un problema mayor que acaba con uno menor. Alguien debiera recordarles que la espoleta del proceso fue económica - y que tomó su impulso definitivo con la crisis y los recortes. No hace tanto para que no se haya aprendido la lección. Los deberes siguen estando ahí. La pandemia no va a ser, por mucho que se pretenda, una vacuna eficaz contra el soberanismo.