Análisis

Fluidez circulatoria o circulación educada

Parece lógico que aquellas calles con mas accidentes, que son las más transitadas y donde se circula a mayor velocidad, se pacifiquen de manera urgente

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Imagen de archivo de un accidente de moto en Barcelona.

Imagen de archivo de un accidente de moto en Barcelona. / RICARD CUGAT

Una ciudad es una serie de cruces y no una calle mayor única como en las películas del oeste. El caballo no puede llegar trotando y levantando polvo ni se puede dejar ante el 'saloon' atado con una cuerda. Al bar, a la oficina o a la universidad mejor llegar en transporte público, a pie, o en bicicleta.

Vivimos en un espacio físico con cruces frecuentes y por tanto donde no hay una arteria principal de circulación única sino un sistema complejo con múltiples nodos donde confluyen diferentes calles. Un espacio regulado y denso donde nos podemos mover con autobuses y tranvías o en metro, donde hay estaciones de ferrocarril, y donde los vehículos deben respetar normas estrictas, reducir la velocidad y detenerse con frecuencia. El semáforo, como ningún otro artilugio, nos indica que estamos en la ciudad, con calles ni totalmente peatonales ni dedicadas a los coches de paso, sino espacios de mezcla civilizada y convivencia donde el que tiene prioridad es el peatón.

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Las ciudades densas, intensas y activas necesitan furgonetas para repartir, ambulancias y otros vehículos para garantizar la vida y apoyar el comercio en los centros, vehículos especiales para personas con movilidad reducida. Además de taxis abundantes como en la película 'Night on Earth' ('Una noche en la Tierra, 1991') de Jim Jarmusch, que nos ayuden a hacernos una idea de cómo es y cómo se vive en la ciudad.

Ha pasado el tiempo en que las ciudades veían como progreso tener vías rápidas y competían para garantizar la fluidez y evitar la congestión. El símil que asociaba la circulación de vehículos a la de la sangre no sirve hoy porque tenemos en cuenta otras circulaciones. Respirar bien, usar la calle sin peligro de ser atropellado, poder practicar deporte en espacios amplios y dormir sin ruidos es un derecho que los ciudadanos que viven en las ciudades reclaman.

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El coche es un producto clave que define la forma de vida del siglo XX, como la lavadora o la nevera. Lo tenemos asociado al progreso y a un modo de viajar más cómodo y con más libertad. De hecho los coches son objetos muy sofisticados que sirven para muchas mas cosas que para desplazarse. No hay remontarse al descapotable de la protagonista de 'Últimas tardes con Teresa' de Marsé. En el coche se escucha la música como en ninguna parte, algunos pueden adaptarse como caravanas, cuando se hacen viejos pueden servir para almacenar trastos y herramientas, y cumplir funciones de ampliación de la casa... si hay espacio donde dejarlos. ¡Pero en las ciudades están mejor circulando despacio o quietos! 

Hace años que se regula su movimiento mediante peajes, no solo por los costes ambientales derivados sino por el espacio que ocupan y los accidentes que provocan. Parece lógico que aquellas calles con mas accidentes, que son las más transitadas y donde se circula a mayor velocidad, se pacifiquen de manera urgente. Están planteando prohibir totalmente los coches en Paris y en Manhattan, donde solo lo tienen un 22% de las casas... ¿Para cuando en Barcelona?.