05 ago 2020

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ANÁLISIS DEL FINAL DE LA LIGA

Francisco Rufete, entrenador y director deportivo del Espanyol.

EFE

¿Y a Rufete y Abidal no los despide nadie?

Emilio Pérez de Rozas

El fútbol es tan increíble, tan incierto, a menudo tan traicionero, casi siempre injusto que pueden ocurrir cosas inexplicables y que las que tienen la explicación jamás son tenidas en cuenta porque el negocio, la chapuza, el dinero ajeno está reñido con el sentido común, la sensatez y, sobre todo, las buenas costumbres y la organización exquisita.

No comentaré (aunque podría, podría, pues fui de los primeros que critiqué a Javier Tebas por poner en marcha el regreso de la Liga al precio que fuese) el hecho, tan sorprendente (o no, ya veis, tenían razón algunos médicos de Primera División), de que una vez colocado el jefe de la patronal del fútbol en el altar (algunos pidieron a gritos que lo nombrasen Ministro de Sanidad), alguien, supongo que el mismísimo ‘Diablo’, lanzó su particular plaga sobre el Deportivo-Fuenlabrada. ¡Ojito!, no solo el último partido, no, sino uno decisivo para el descenso y el ascenso. Pero, tranquilos, que todo se arreglará en la mansión del señor Tebas: su hijo es el abogado del ‘Fuenla’.

Desastre tras desastre

Pero, repito, el fútbol, que se convirtió en materia de rehabilitación para alcanzar la nueva normalidad, también nos depara, a diario, síntomas muy claros de que seguimos en la vieja normalidad. Es decir, que aquellos personajes que hacen horriblemente mal su trabajo se salen, habitualmente, de rositas porque siempre tienen delante o debajo (que no por arriba, pues los de arriba, también culpables, son peores que ellos) a quien sentenciar, señalar, despedir y/o culpar.

Puedes saber poco de fútbol (como yo), pero si tú ves lo que ha hecho Francisco Rufete en el Espanyol te llevas las manos a la cabeza pensando que, después de liderar semejante desastre, se ha convertido en el salvador de la entidad. Otro tanto, piensas de Éric Abidal, que también ha perdido la Liga, acaba de impedir, en compañía de Quique Setién (otro culpable que, de momento, se salva), que Ansu Fati y Riqui Puig refuercen al Barça B en busca del ascenso y, dada la extraordinaria planificación del club, se ha quedado sin jugadores para afrontar la Champions.

...pero ficharon a Griezmann

El Espanyol de Rufete, con el 10º presupuesto de Primera División, ha quedado, por vez primera en su historia, último de la Liga. Ha quemado tres entrenadores, a cual más distinto (David Gallego, Pablo Machín y ‘Pitu’ Abelardo). Perdón, ¡cuatro!, porque Rufete, encima, ha tenido el coraje de ponerse él mismo en el banquillo. ¡Tremendo!

Lo de Abidal, siempre en la sombra, escoltado por Ramón Planes y protegidos, ambos, por Javier Bordas, que se las da de saber (y mucho) de fútbol y futbolistas, es muy parecido, con el pecado añadido de que su presupuesto es de 1.047 millones de euros y, en julio del 2019, cuando no se atrevió a decir (lo hubiesen quemado en la Plaza Catalunya) que los mejores refuerzos del Barça serían Ansu y Riqui (los que, ahora, se han convertido en los chicos que han de ganar al Nápoles y la Champions), se gastó 120 millones de euros (o más) en Antoine Griezmann.

Y ahí siguen todos. Todos.

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