13 ago 2020

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Medidas en el Segrià

Gente con mascarilla sale del Hospital Arnau de Vilanova, en Lleida.

JORDI V. POU

Aprender del rebrote de Lleida

Antón Costas

Como no puede reconocer su incapacidad, el Govern traslada a las empresas y a los ciudadanos la carga de protegerse a sí mismos

Según leo en este diario, el miércoles pasado el Govern de Quim Torra adoptó una batería de medidas para hacer frente al rebrote del Covid-19 en la comarca del Segrià, en Lleida, en confinamiento perimetral desde el sábado anterior. En esencia, se trata de dos medidas prohibitivas. Por un lado, se prohíben las visitas de familiares a las personas ingresados en las residencias de mayores del Segrià. Por otro, “recomienda” confinar en sus casas a las 40.000 personas “vulnerables” que viven en la comarca; es decir, mayores y enfermos crónicos. Entiendo que esta “recomendación” es un eufemismo para no utilizar la palabra prohibir.

Estas medidas me sugieren tres reflexiones. La primera es sobre las consecuencias de reabrir de forma apresurada la economía. La segunda es sobre que entiende el Govern por “mayores”. La tercera es sobre la ilegitimidad de discriminar por la sola razón de edad. 

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Lo que está sucediendo en el Segrià no puede desvincularse de la decisión de Quim Torra de pasar directamente de la fase 2 a la reapertura de las actividades económicas y sociales. Era evidente que el Govern no había fortalecido el sistema de salud pública -muy debilitado por las privatizaciones, externalizaciones y recortes de la etapa precedente- y tampoco había puesto en marcha los sistemas de identificación, seguimiento de los posibles rebrotes del virus. 

En el caso de Lleida se sabía que esa fragilidad del sistema de salud y de rastreo iba a coincidir con la llegada de varias decenas de miles de trabajadores temporales para la recogida de la fruta. Y, sin embargo, no se prepararon adecuadamente ambos mecanismos. Se optó por trasladar la responsabilidad a las empresas y a los ciudadanos.

Este suceso puede tener consecuencias graves sobre la reputación de Catalunya como lugar seguro para el turismo y los negocios. En todo caso, el daño ya está hecho. Ahora deberíamos aprender para anticiparnos a otros posibles brotes en otros lugares.

Veamos ahora la segunda cuestión. ¿Qué entiende el Govern por persona “mayor”? ¿La edad cronológica o la edad biológica? Lo lógico es que sea la segunda, no la primera. A la hora de comparar el valor de bienes similares en períodos distintos de tiempo, los economistas tenemos en cuenta (deflactamos) la evolución de los precios. Así, aunque un coche comprado hoy es más caro en euros a uno equivalente de hace 20 años, al tener en cuenta la evolución de los precios resulta que ahora más barato. De la misma forma, al tener en cuenta la evolución de la calidad de vida y condiciones de salud, una persona que hoy tiene 70 años equivale a una de, más o menos, 58 de los años setenta del siglo pasado. Esta es su edad biológica. Debería ser tenida en cuenta a la hora de ser más sofisticados en las medidas de confinamiento y en el uso de la edad en el triaje que se hace en los hospitales a la hora de asignar los recursos disponibles a los distintos tipos de pacientes.

Veamos ahora el fundamento de la discriminación por edad. ¿Son los mayores agentes más activos que otras personas en la propagación del virus? No. Sin embargo, ¿son más susceptibles de ser contaminadas por otras? Sí, aunque no se sabe si es solo por edad u otras circunstancias concurrentes, ya sea padecer patologías graves o estar internados en residencias, verdadero foco de contagio. Pero, en todo caso, pertenece al ámbito de los derechos fundamentales y la libertad de cada persona mayor la decisión de si arriesgarse o no a contaminarse. Nadie está legitimado a tomar por él esa decisión.

No se puede discriminar por edad, ni en cuestiones de empleo ni en cuestiones de salud. Y menos cuando esas discriminaciones dañan derechos y libertades amparadas por la Declaración de Derechos Humanos y por la Constitución.

Permítanme un comentario final sobre lo que entiendo que es la razón oculta de estas medidas. Expresada con el respeto debido a las preferencias políticas de los partidos que forman el Govern de Quim Torra, mi percepción es que esas prohibiciones no son sino una nueva manifestación de la falta de capacidad de anticipación, reacción y respuesta adecuada a las circunstancias provocadas por el covid-19. Como no puede reconocer esa incapacidad, lo que hace es trasladar a las empresas y a los ciudadanos, o a una parte de ellos (los mayores), la carga de protegerse a sí mismos. Esto no es de recibo. Cada palo ha de aguantar su vela. Y rendir cuentas por esa responsabilidad.