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Una imagen de la serie ’Canción triste de Hill Street’.

Una imagen de la serie ’Canción triste de Hill Street’.

Desde principios de los años 60, la televisión practica el prudente consejo de buscar inspiración en aquellas ideas que fueron un éxito en el pasado y adaptarlas. Ahora, acuciados por la dificultad de imaginar nuevas historias, dicha práctica es toda una tendencia. Y es que, para escuchar una buena historia, nada mejor que conversar con nuestros abuelos.

 Se llamaba Steven Ronald Bochco y con él comenzó todo. Se inició trabajando como guionista en series legendarias como Ironside o Columbo, hasta que logró convencer a la NBC de que poner en marcha una serie sobre la vida cotidiana de un mugriento grupo de policías en un barrio de una indefinida ciudad del norte de Estados Unidos era una buena idea. En uno de esos momentos en que la inteligencia se impone a la prudencia, el proyecto fue aprobado y asi nació la serie que lo cambiótodo: Hill Street Blues, pésimamente traducida entre nosotros como Canción triste de Hill Street.

Bochco, conjuntamente con Michael Kozoll, desarrolló la idea central, escribió los guiones, produjo episodios y controló toda la serie en su conjunto, siendo en este sentido una avanzadilla del papel que hoy en día ostentan los showrunners. Pero no es lo único en que fue pionero. Cada episodio mezclaba tramas episódicas, con otras que mantenían su continuidad a lo largo de las temporadas. Estaba rodada con un estilo sucio, alborotado, con una cámara que simulaba estar casi en directo, con personas que se cruzaban ante ella y un uso del lenguaje realista inaudito por aquel entonces. Se trataba de trasmitir al máximo la idea de que todo lo que allí sucedía era real; tanto que a veces parece más un documental que una sofisticada serie de ficción.

Además, por primera vez, el número de personajes se multiplicaba y se diversificaba en cuanto a razas y creencias. La sensación al ver un episodio era de caos, suciedad y desorden, mientras el sufrido Capitán Furillo intentaba poner coherencia en aquella comisaria por la que pasaba la vida con todos sus arrebatos y colores. Había acción, drama y hasta tramas sentimentales,revestido todo con una fina ironía que mezclaba personajes humorísticos, con situaciones complejas, lo que le daba un tono profundamente humano a todo lo que narraba. Aquella comisaría era un infierno, pero quienes la habitaban nos parecían entrañables, porque se parecían a todos nosotros.

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Producida por la compañía de Mary Tyler Moore, otra leyenda de la televisión, y rodada en Los Ángeles, se estrenó en 1981.  Los críticos la acogieron con alabanzas generalizadas, pero el público mayoritario le dio la espalda en todo momento por las muchas novedades que ofrecía. La NBC se planteó prescindir de ella ya en su primera temporada, pero cuando estaba a punto de hacerlo, los Emmy y los Globos de Oro la cubrieron de nominaciones y decidieron mantenerla. Hasta su finalización en 1987 ganó 26 Emmy, aunque nunca dejó de ser una delicatessen que el público mayoritario ignoraba.

Bochco creó posteriormente La ley de Los Ángeles con el mismo esquema, pero esta vez en un bufete de abogados. En 1993 estrenó NYPD Blue (Policías en Nueva York) que ganaría más de 80 premios hasta su cancelación en 2005; y antes de fallecer en 2018 le dio tiempo incluso para crear una serie de animación. Las ideas atrevidas y poco comerciales que Bochco inició, establecieron la fusión perfecta entre realidad y ficción,y con el caos resultante fabricó la base esencial de las mejores series de hoy en día. De ahí que le estudien. Las arrugas de los viejos no estorban. Son marcas que enseñan.

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