28 oct 2020

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ANÁLISIS

El presidente de Kosovo, Hashim Thaci.

AFP

El diálogo Belgrado-Pristina, de nuevo en 'stand by'

Ruth Ferrero-Turrión

Además de las noticias sobre la pandemia, la apertura de fronteras o de saber quién será la próxima presidenta del Eurogrupo hay otras noticias que no deberían pasar desapercibidas entre la opinión pública europea. Una de ellas está vinculada a los Balcanes Occidentales, la mayoría candidatos a entrar en la UE. El pasado día 24 de junio saltaba de manera inesperada la acusación de la Fiscalía del Tribunal Especial para Kosovo, con sede en La Haya, contra el presidente de Kosovo, Hashim Thaci. Se le imputan 10 cargos de crímenes de guerra y contra la humanidad como consecuencia de su implicación en más de un centenar de asesinatos durante la guerra de 1998-1999 que enfrentó a albaneses y serbios en territorio kosovar. Thaci fue, durante ese periodo, guerrillero del Movimiento de Liberación Nacional, UCK.

La guerra de Kosovo fue la última de una serie de conflictos que inundaron la región de los Balcanes como consecuencia de la violenta disolución de Yugoslavia. Unas guerras que encendieron un nacionalismo esencialista utilizado hábilmente por los líderes políticos de la época para obtener un mayor poder político. Pues bien, Thaci, según la opinión de la fiscalía, es uno de esos líderes.

Se daba la casualidad de que justo el pasado día 27 de junio estaban previstas unas conversaciones en Washington entre los líderes de Kosovo y Serbia, impulsadas por el delegado especial del Gobierno Trump para los Balcanes, Richard Grenell. Y digo estaban, porque la primera consecuencia de la acusación fue la renuncia del presidente kosovar Thaci y de su primer ministro Hoti a asistir a dichas conversaciones con sus homólogos serbios y la mediación norteamericana.

Moción de censura

Thaci no ha sido el único político kosovar imputado en esta causa. También lo ha sido el presidente del partido de Thaci, Kadri Veseli. Desde luego los últimos meses no han sido sencillos para la política kosovar. Justo al comienzo de la pandemia, el 23 de marzo de este año, caía mediante una moción de censura el Gobierno de coalición de Albin Kurti, que era ganada por el centro-derecha kosovar gracias, entre otros, al presidente ahora acusado.

Los cargos emitidos por la fiscalía, junto con algún otro sobre tráfico de órganos, ya rondaban a Thaci. Al contrario que su homónimo, Vucic, que obtuvo hace apenas 10 días una victoria sin paliativos en Serbia, Thaci se encuentra cada vez más debilitado políticamente y esto hace más complicado que prosperen las negociaciones entre Pristina y Belgrado para llegar a descongelar un conflicto que ya dura demasiado tiempo.

Por otro lado, la UE ha respirado tranquila, ya que, desde Bruselas, no se veía con buenos ojos la mediación norteamericana. Recordemos que una de los primeros objetivos que se había marcado el Alto Representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, fue el de impulsar el diálogo entre ambos. Aunque no parece posible una nueva reunión entre los mandatarios de Kosovo y Serbia en el corto plazo, la cancelación de la cumbre de Washington deja abierta una ventana de oportunidad a la UE para demostrar que es capaz de resolver los conflictos que se suceden a sus puertas. La Europa geopolítica la llaman.

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