08 jul 2020

Ir a contenido

Dos miradas

Pau Donés, en una fotografía tomada en EL PERIÓDICO en 2014.

ALBERT BERTRAN

Pau Donés: un abrazo

Emma Riverola

Se fue Pau Donés, el hombre que supo caminar, sonreír, cantar y bailar junto a la enfermedad. La aceptó por compañía, pero no quiso regalarle ni una mirada. No más de cinco minutos al día, decía. Su optimismo contagioso le hizo aún más grande y se convirtió en símbolo. Con todo el brillo que tienen los símbolos. Con las zonas en sombra que, inevitablemente, provoca su ausencia. Una oscuridad que son muchas oscuridades. Depende de quién esté envuelta en ellas. Porque su falta duele a todos los que le quisieron y amaron, provoca pena y reconocimiento a quienes le admiraron por sus canciones y por su generosa alegría, pero es un manto espeso para aquellos que, sin conocerle, compartían pronósticos, estadios, cicatrices en el cuerpo, puntos de radioterapia o sesiones de quimioterapia.

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

Y ahora, ahora que él ya se ha ido, la tristeza y el miedo se hacen un poco más intensos. Se fue el espejo en el que se reflejaban.

Ahora llega el momento del consuelo. También para tantos, tantísimos que siguen ahí, en la espera. Quizá el cuerpo no les da para cantar ni bailar ni derrochar optimismo. Pero sí para aceptar un abrazo.