Análisis

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Esperanza en los límites del "sistema"

El “sistema” ya no da para la ambición de la economía financiera y menos de forma sostenida, de aquí estas crisis tan profundas. A lo largo de los años han sido capaces de monetizarlo todo, de tal forma que era posible especular y enriquecerse con los cereales, cuando todavía no se habían sembrado, o con lo que se pagaría dentro de unos meses por el petróleo, que no se había extraído. Nos han convencido a todos de que la felicidad se encuentra en tener lo que nos ofrecen y que el ocio pasa para comprar. Este tipo de juego

global en beneficio de unos pocos está mostrando sus contradicciones incluso en aquellos que no paran de enriquecerse: los aviones parados, las bolsas desplomándose, el precio del petróleo en números negativos...

Las llamadas escuelas de negocio generalizan las reflexiones sobre responsabilidad social, es de suponer que por convicción incluso de buena parte de sus claustros, pero también porque es evidente que en todo este juego rodamos sin control la mayoría de seres humanos.

Detrás el dato macroeconómico de una caída del PIB de entre el 6 y el 13%, que anuncia el Banco de España, va el hambre de muchos. Va la falta de medios para los hospitales, para los servicios sociales, para la escuela para contener el gasto público y contribuir así a la ortodoxia de controlar la inflación fijada por el modelo económico alemán. ¿Es tolerable la pobreza infantil en un porcentaje superior al 25%

de la población? ¿Es digno y sostenible un Estado del bienestar ahogado de recursos y unos donativos cuando las cosas se ponen feas?

Cada vez son más los que procuran organizar sus vidas y medios de trabajo al margen del “sistema”. Es imprescindible mantener puntos de contacto como la banca o la fiscalidad, pero la voluntad es vivir al margen de sus medios informativos, propuestas de alimentos elaborados, modas en el vestir, consumo por el consumo. ¿Cuántos jóvenes si viajan lo hacen con medios escasos y fuera de los canales tradicionales, trabajan desenganchados de las convenciones habituales, utilizan la banca ética y hacen transferencias por los nuevos canales que internet ofrece? ¿Es solo una moda la renuncia al consumo de carne o una reacción

a la industrialización de la vida animal? Entidades sin afán de lucro, economía social, explotaciones  agrarias y ganaderas respetuosas con el medio, intercambios gracias a la democratización que las redes facilitan, mucha solidaridad real... Una pequeña, pero constante, revolución de los que quieren vivir al margen de esta globalización solo financiera.

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Una de las consecuencias positivas del confinamiento que la pandemia nos ha impuesto, es la reflexión individual y colectiva de muchos que llevará a cambios significativos en la vida de bastantes personas. Vivamos esperanzados en la bondad de una mayoría cada vez más consciente de las contradicciones del sistema al servicio de la economía financiera.

Director general de la Fundació Pere Tarrés