18 sep 2020

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MIRADOR

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el vicepresidente del Ejecutivo, Pablo Iglesias, en el Congreso.

DAVID CASTRO

Balance político de la pandemia

Joaquim Coll

La coalición entre PSOE e Unidas Podemos no va a romperse, ha aprendido a sobrellevar sus contradicciones y a capear las críticas

La hecatombe sanitaria tenía muchas posibilidades de convertirse en la tumba política de Pedro Sánchez por la debilidad de su posición. No solo es el presidente del Gobierno con menos votos de la democracia, sino que para sacar adelante la investidura tuvo que coaligarse finalmente con quien no quería. Además, la dependencia parlamentaria de ERC dejaba de nuevo la legislatura en manos de alguien muy poco fiable.

Cuando estalló la pandemia, la coalición gubernamental se acababa de estrenar y sus promesas sociales se sostenían en una previsión de moderado crecimiento que el coronavarius hundió de golpe. Finalmente, al margen del debate sobre cuántas personas han perdido la vida a causa del covid-19 (28.000, 38.000 o 44.000), todas las cifras son terroríficas y el daño emocional es enorme.

Sobrevivir a ese escenario parecía imposible teniendo en cuenta que Sánchez no es un gran líder y su comunicación es enlatada y hueca. Y, sin embargo, no solo sale vivo sino reforzado, con más opciones de pacto en el Congreso que cuando obtuvo la investidura. Cs ha decidido por fin volver al "centro moderado" y ha jugado bien sus escasas cartas en esta crisis. Como el PNV no va a dejar a caer al Gobierno, la abstención de ERC ha dejado de ser imprescindible y Gabriel Rufián está irritadísimo sin que se atreva tampoco a quedarse fuera de juego.

En cambio, el PP de Pablo Casado ha fracasado en su ofensiva contra el Gobierno, cuya gestión sanitaria se salda con más aciertos que errores por parte de Salvador Illa. La actitud siempre educada y serena del ministro ha sido un saludable contrapunto al clima de confrontación. En el terreno económico, el Ejecutivo de izquierdas ha echado el resto con una política nunca vista antes en ayudas y medidas sociales que va a mitigar el duro golpe de la crisis. En Europa falta por cerrar el ambicioso plan de reconstrucción, pero la propuesta de la Comisión y del eje francoalemán es favorable a los intereses de España.

Alargar la legislatura

Así pues, la coalición entre PSOE e Unidas Podemos no va a romperse. Ha aprendido a sobrellevar sus contradicciones y a capear las críticas. Pablo Iglesias fue reconvenido por Nadia Calviño en el asunto de la reforma laboral sin desencadenar una crisis interna. El líder morado se ha metido solito en algunos charcos pero sin mayores consecuencias, y ni se le pasa por la cabeza hacer un Varoufakis, o sea, marcharse dando un portazo.

Además, hay una parte de los suyos, empezando por la ministra de Trabajo Yolanda Díaz y siguiendo por el jefe de Izquierda Unida y ministro de Comercio Alberto Garzón, que se muestran abiertos a explorar un acuerdo presupuestario que incluya a Cs, sin que Iglesias se haya desmarcado.

El balance político de la pandemia refuerza al Gobierno, que tiene ahora más opciones de alargar la legislatura, lo que no excluye el recambio en algunos ministerios, particularmente en Interior si Fernando Grande-Marlaska no logra salir de la diana. Una vez que la emergencia sanitaria está bajo control y la economía tiene mejores expectativas de cara al verano, Sánchez afronta la reconstrucción del país con más oxígeno de lo esperado.