Opinión | Al contrataque

Cristina Pardo

Periodista

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Del Congreso a la taberna

Hay que desgastar al adversario, aunque eso implique arrasar con el estado de animo de la ciudadanía. Les importamos un pimiento

Cayetana Álvarez de Toledo, en el Congreso

Cayetana Álvarez de Toledo, en el Congreso / EFE / CHEMA MOYA

Qué tiempos aquellos, cuando hace un mes aplaudíamos la presencia de todos los partidos en una especie de proyecto de pactos de la Moncloa. Parecía que el acuerdo era imposible, pero siempre hay un resquicio para la esperanza. Ya no. A medida que iba disminuyendo el número de muertos, los dirigentes políticos se han ido despojando de su disfraz de hombres de Estado. A veces he tenido la tentación de pensar que los partidos aspiran a representar a todos, para sumar cuantos más votos mejor. No digamos ya aquellos que ocupan las instituciones de Gobierno, que deben representar un papel alejado del barro diario. Pero tampoco.

En los últimos días, se han llamado de todo en el Congreso de los Diputados. Pablo Iglesias ha acusado de golpistas a los miembros de Vox. Estos le han llamado “pirómano comunista”. Y hubo más, como el rifirrafe de “la marquesa” con el “hijo de terrorista”. Después, Cayetana Álvarez de Toledo volvió a arremeter contra el líder de Unidas Podemos, al que acusó de querer consumar la obra ideológica de su padre y de ser un totalitario, y añadió: “Iglesias engarza con la tradición del macho ibérico, del caudillo iberoamericano”.

En este contexto, el Gobierno ha vuelto a negociar la ampliación del estado de alarma. Los partidos van y vienen del 'no' al 'sí' en función de lo que se les concede, no en función de qué será mejor para los ciudadanos, todavía con un pie en el confinamiento. Hemos pasado por una pandemia que no sabemos si va a volver, hay decenas de miles de muertos, hay muchas personas que son más pobres que hace dos meses y que no tienen perspectivas de mejorar en el corto plazo y ellos se dedican a atizar la crispación social y a defender sus intereses electorales y partidistas. Los españoles aún no podemos acodarnos en la barra, pero ellos llevan semanas pidiendo otra de bravas. Sin apenas escrúpulos, con un tono tabernario, con falta de sensibilidad y de altura de miras. Hay que desgastar al adversario, aunque eso implique arrasar con el estado de animo de la ciudadanía. Les importamos un pimiento. A por otra de bravas.