O ricos o locos

Cultura y lucha

La cultura, me decían hace unos días, solo la hacen los ricos y los locos

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Momento del concierto de Clarence Bekker, este jueves en la sala Jamboree de Barcelona, con medidas de seguridad por el coronavirus.

Momento del concierto de Clarence Bekker, este jueves en la sala Jamboree de Barcelona, con medidas de seguridad por el coronavirus. / FERRAN SENDRA

Hace mucho tiempo que la cultura y la precariedad van de la mano. Diría que parte de la sociedad ha aceptado el binomio como irremediable. Diría también que esta aceptación parte de una idea equivocada: que la cultura es elitista, hecha desde el privilegio para el privilegio, de unos cuantos intelectuales para la clase alta. Puede que me equivoque y sea solo una percepción, pero la tengo. Durante mucho tiempo -quizás incluso en mi casa, durante la infancia y la adolescencia- la cultura ha sido entendida como lo hacen los intelectuales, la gente de la alta esfera, y no llegamos. Como mucho -nos decíamos, si es que nos decíamos algo- lo nuestro es entretenimiento, pero no es suficiente.

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La cultura, me decían hace unos días, solo la hacen los ricos y los locos. Porque se ha de estar loco o ser rico para querer dedicarte. La diferencia respecto hace décadas es que la cultura se ha democratizado, y diría que ahora somos más o menos el mismo número de ricos que de locos, o incluso un poco más de los segundos. Y como los locos se han colado, ahora la cultura es precaria, se hace también desde la clase obrera, no se llega a fin de mes. Los trabajadores culturales son tan o más clase obrera que cualquier otro sector obrero, pero todavía no se han quitado la capa elegante -invisible- de la intelectualidad, y por ello los trabajos precarios, las malas prácticas y el desprecio absoluto a la relación laboral de sus trabajadores es un hecho que la sociedad -excepto los afectados- aún no ha asumido como lucha propia. Total, o son ricos o son locos.

La lucha cultural siempre se ha hecho de acuerdo con unos códigos que han sido necesarios y útiles para las sociedades. El arte reivindicativo, crítico, libre, provocador. Oh, todos lo queremos. Pero cuando se trata de defender sus trabajadores, de dignificar su trabajo y remunerarlo en cualquiera de las fases -creación, producto final, promoción, fondos de armario- todo el mundo se aparta. Son locos, son ricos. Lo cierto es que los trabajadores culturales malviven y no pueden hacer planes de futuro. Quieren algo bien sencillo: vivir de lo que saben hacer. Como todo el mundo. Quizá que los escuchemos, aunque no hagan tanto alboroto.