30 may 2020

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IDEAS

Dos jóvenes con mascarillas para protegerse frente al coronavirus se retratan en el aeropuerto de Taipei (Taiwán).

ANN WANG / REUTERS

Al pie de la letra

Josep Maria Pou

Cavilo desde mi sillón, mirando a la calle, ventana abajo, y me digo que no es bueno tomar las cosas al pie de la letra. Porque hay ocasiones, como la presente, en las que hasta la letra pierde pie y se tambalea. El significado de lo dicho o escrito varía según las circunstancias.

Les cuento lo que veo. Les digo que la gente “anda a codazos por las calles”. Y si ustedes se lo toman al pie de la letra, visualizarán a un montón de personas empujando y abriéndose paso a lo bruto. Pero no es el caso. Porque lo que yo veo y cuento es que lo que hasta ayer se consideraba malaeducación -ir por el mundo “dando codazos”-, es hoy señal de bienvenida, aprecio y respeto. Nos damos el codo como quien se da la paz en misa de doce los domingos. Sabiendo, pero, que el chocar de codos es sólo un sucedáneo, un falso apretón de manos, un apenas beso de bienvenida, el abrazo imposible del reencuentro. Hay quien quiere ver, en ese gesto,un signo de buena esperanza: solo codo a codo, sumando empeños, llegaremos con bien al final de todo esto.En otro tiempo ampliaría esta ideacon aquello de“todos a una, arrimando el hombro”, pero ahora no. Porque ahora, en la era de la covid-19, el pecado está en el “arrimarse” y la salvación en el “cuanto más lejos mejor”. (Escribo esto y me divierte pensar que, tomándoselo al pie de la letra, me aplauden, juntos, el padre Ripalda y el padre Astete). 'Contigo en la distancia' debería ser el himno de estos días y sonar por altavoces en todas las esquinas. La prevención a ritmo de bolero.

Decido bajar a la calle y unirme al 'ballo in maschera'  de mi franja horaria. En el paseo, todos somos otros. La mascarilla altera el rostro y también el paisaje: las señoras son, ahora, danzarinas de cuento oriental y los caballeros forajidos de 'spaghetti western'. Sigue sonando el bolero, aunque se imponen la 'Scherezade' de Rimsky Korsakov y el silbido en solitario de Ennio Morricone. Camino a paso corto. Calculo los dos metros de cautela. Me adelanta una pareja. Nos saludamoscon la mirada. Sin palabras.  Cómplices. Empiezo a cantar lentamente -compleja la banda sonora de estos tiempos- “You’ll never walk alone”. Y me lo creo, esta vez sí, alpie de la letra.