25 oct 2020

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LA CLAVE

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante una por videoconferencia con los presidentes de las comunidades autónomas, el 12 de abril.

MONCLOA / BORJA PUIG DE LA BELLACASA

Sin plan B

Rosa Paz

Sánchez necesita dialogar, y no solo por necesidad: buscar la complicidad de todos los partidos sería una muestra de liderazgo

Seguramente tiene razón Pedro Sánchez cuando dice que no hay alternativa al estado de alarma si se quiere que el desconfinamiento vaya bien. Lo malo es que lo afirme cuando ya sus socios de investidura –PNV, ERC, Bildu y BGN– se han mostrado dispuestos a votar en contra de la prórroga en el Congreso y cuando el PP amaga también con rechazar la extensión de esa medida excepcional. Es decir, cuando se encuentra entre la espada y la pared y, según sus propias palabras, sin plan B. 

El presidente sabe que, más que a cruciales diferencias de fondo, esas posiciones responden al enfado de los partidos políticos, que se sienten ninguneados porque se enteran de sus decisiones cuando lo ven en televisión. Pero Sánchez no parece, de momento, dispuesto a negociar con anticipación las medidas que adopta. 

No obstante, para reconquistar la confianza de nacionalistas e independentistas ha ofrecido a las autonomías la "cogobernanza" de la desescalada y 16.000 millones no reembolsables para reforzar la sanidad pública y las ayudas sociales. Medidas, por otra parte, necesarias y lógicas en un estado descentralizado como el español. A Pablo Casado, sin embargo, solo le lanza apelaciones a la responsabilidad, algo que debiera ser inherente a un partido de gobierno como el PP, que además tiene esa responsabilidad, gobernar, en importantes comunidades autónomas.

Se puede entender que al presidente le cueste hablar con los partidos de la oposición que, a excepción de Ciudadanos, están jugando a erosionar la acción del Gobierno, convencidos de que las crisis sanitaria, económica y social se lo llevarán por delante. No teniendo mayoría en el Congreso, ni plan B, Sánchez necesita vencer ese fastidio y dialogar. Pero incluso si la tuviera, buscar la complicidad de todos los partidos, para aparecer como una piña ante los ciudadanos, sería una muestra de liderazgo.