30 may 2020

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IDEAS

Genealogía del cuñado

Genealogía del cuñado

Jordi Puntí

El cuñadismo debe ser tridimensional y, desde la pantalla para la videoconferencia, la víctima siempre encuentra argumentos técnicos para evitarle

Uno de los pocos efectos positivos de este confinamiento es que hemos perdido de vista a los llamados cuñados —y su cuñadismo—. Sabelotodo y doctrinario, el cuñado necesita una audiencia cercana, que escuche pacientemente sus teorías y comentarios.

El cuñadismo, por así decirlo, es un 'mansplaining' de hombre a hombre. Estos tiempos extremos, con sus rumores y teorías de la conspiración, son un terreno ideal para que pueda explayarse; pero sin audiencia, ¿a quién puede dar la tabarra el cuñado? No a su familia, que le conoce todas las flacas y sabe evitarlo cuando se hace pesado.

La videoconferencia tampoco es un buen medio, porque el cuñadismo debe ser tridimensional y, desde la pantalla, la víctima siempre encuentra argumentos técnicos para evitarle. Además, cuando salga de nuevo a la calle, el metro y medio de distancia y las mascarillas tampoco se lo pondrán fácil, así que a lo mejor este paréntesis actual es una buena oportunidad para preguntarnos cuál es el origen del cuñado.

La lectura reciente de 'El carrer Estret', de Josep Pla, me ha dado pistas. El narrador habla del señor Felip, barbero del pueblo, y lo describe así: “El señor Felipe es político, sociólogo, administrador, financiero, estratega, urbanista, gramático, moralista; conoce muy bien el problema del transporte, es geógrafo, crítico musical, horticultor, y puede hablar de cocina con una seguridad de maestro. Expone sus opiniones y presenta sus noticias en un tono sentencioso y ligeramente reticente”.

'El carrer Estret' se publicó en 1951, cuando los barberos de pueblo eran fuentes de información contrastada. En algunos casos, como el del señor Felip, pasaron de ser grandes conversadores, oídos atentos, a opinar sobre todo lo que el negocio les ponía delante.

Viendo la descripción que hace Pla de esos hombres incansables, sentenciosos y sabelotodo, parece claro que el paso intermedio entre el barbero de antes y el cuñado social de hoy no es otro que el tertuliano de radio. La principal diferencia, en todo caso, es que barberos y tertulianos cobran para vaciar el buche. El rollo del cuñado, en cambio, es vocacional y, como probablemente diría él mismo, lo hace “gratis et amore”.

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