02 dic 2020

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Editorial

A la calle, con juguetes y prudencia

Los niños podrán salir a pasear desde el domingo. Un momento de ilusión, pero también de responsabilidad y de comprensión por parte de todos

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El Periódico

Un niño en bicicleta acompaña a una mujer en una calle de Barcelona.

Un niño en bicicleta acompaña a una mujer en una calle de Barcelona. / EFE / ALEJANDRO GARCÍA

Como un niño con zapatos nuevos, expresa el dicho. Y se queda corto al compararlo con la emoción de millones de niños y niñas ante la perspectiva de salir nuevamente a la calle. Excepto los pocos que, por su corta edad, no hayan podido quedarse solos en casa y hayan tenido que acompañar a su padre o su madre a algunas de las gestiones imprescindibles, el domingo será el primer día que los menores de 14 años podrán abandonar sus domicilios desde el inicio de estado de alarma. De nuevo, la calle será un lugar de juego. Pero las limitaciones serán muchas, y la prudencia aún debe ser superior.

Después de unas primeras indicaciones sumamente restrictivas que provocaron la indignación popular, el Gobierno rectificó y ha concretado las medidas que deben regir la salida de los pequeños. Una hora al día como máximo, entre las 9.00 y las 21.00 horas, en un radio de un kilómetro del domicilio, siempre acompañados de un adulto y con un máximo de tres niños por progenitor, con libertad de movimientos, pero respetando la distancia con el resto de peatones. Las mascarillas no serán necesarias, aunque sí recomendables. Podrán saltar, correr, ir acompañados de un juguete, pero las áreas de juego seguirán cerradas para evitar los contactos.

No es el fin de la reclusión, es evidente. Tan solo una leve válvula de escape para un confinamiento que está siendo especialmente restrictivo para la infancia. España es el país con las medidas más duras para los niños. Han sido seis semanas de encierro total en los hogares. Una reclusión que se ha hecho especialmente difícil para aquellas familias que viven en pisos reducidos, sin espacio suficiente para que los pequeños puedan desfogarse mínimamente. 

El domingo, más de seis millones de menores de 14 años podrán salir a la calle. Sin duda, es un momento de ilusión. Pero también es un día para extremar el cuidado. Toda precaución es poca. No es lo mismo una avenida de aceras amplias que una callejuela. Mantener la distancia no siempre será fácil, pero es imprescindible para evitar un nuevo repunte en los contagios. Es un día para seguir apelando a la responsabilidad –demostrada con creces durante todo este tiempo– y también a la comprensión. Los desagradables incidentes provocados por los denominados 'policías de balcón' no deben trasladarse a las aceras. Al fin y al cabo, los niños no dejan de ser niños. 

La paciencia debe seguir rigiendo los días. La desescalada justo está en el inicio. Esa primera hora de semilibertad para los niños se queda muy corta para sus necesidades. Ellos, más aún que los adultos, necesitan socializarse con otros niños. También precisan el efecto igualitario que representa la escuela. Si bien algunos pequeños lo están viviendo como unos días de regalo junto a sus padres, hace tiempo que los psicólogos infantiles abogan por aligerar las medidas de reclusión. Aún es pronto para saber hasta qué punto les ha afectado psicológicamente estas semanas y si generarán algún tipo de secuela. Un confinamiento de estas características es tan nuevo como todo lo que envuelve el propio coronavirus. 

Sin duda, el covid-19 está cargado de incógnitas. Por ello es deseable no añadir más confusión que la que genera la infección. A pesar de no tener competencias en la labor, el Govern organizó un plan de salida infantil organizado por franjas horarias. Sin entrar a discutir si los horarios marcados son los más adecuados para cada edad o las dificultades organizativas para familias con varios niños, lo cierto es que el único plan que prevalece es el marcado por el Gobierno y sería deseable no seguir recomendando alternativas que solo provocan desconcierto. No es necesario tratar de marcar perfil propio constantemente ni hacer un casus belli de cada una de las propuestas del Ejecutivo de Sánchez. Al menos, en el paseo de los niños, que ellos sean los únicos protagonistas.