07 abr 2020

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la crisis del coronavirus

Trabajadores de la construcción en un andamio cerca de la Ronda de Dalt de Barceloba, ejerciendo durante la actual pandemia del coronavirus.

Ricard Cugat (El Periódico)

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Guillem López Casasnovas

Aún queda poner orden en algún sector que ha quedado fuera del confinamiento, y no solo por eficacia sino por equidad, vista la población màs expuesta

Cuando se quiere descalificar el discurso del contrario, lo más fácil es, por elevación, llevar el argumento al absurdo, mostrar la incoherencia del 'prefabricado' y hundirlo con un toque de ingenio. A mí me parece que los dos bandos de la discusión sobre el endurecimiento de las medidas están en este estadio. Unos no especifican suficientemente (la ambigüedad los salva de errores) y los otros especifican demasiado (hasta el absurdo, "parar el país") para no dar su brazo a torcer.

Creo que el Gobierno central se equivocó no confinando Madrid: la reclamación preventiva catalana fue vista por el Estado como un envite a su gestión. La cosa se ha enrocado con el nerviosismo propio de unos datos que dan miedo. Hoy incluso creo que cuanto menos lo solicite el gobierno catalán más probable será que Madrid ceda. En la práctica, los expertos ya han ido pidiendo más y más restricciones (fuera peluquerías y tintorerías) y han armado controles más efectivos para evitar desmanes. Aún queda, sin embargo, poner orden en algún sector que ha quedado fuera del confinamiento, y no solo por eficacia (la crisis es tan brutal que los daños marginales no pueden ser muy elevados), sino por equidad, vista la población más expuesta. Cuando esto ocurra, las dos posiciones, por la vía de los hechos, se habrán acercado bastante.

Servicios mínimos reales

Los estados son hoy demasiado grandes para tener los sensores técnicos siempre bien puestos. No se entiende que el sector de la construcción o el bancario, por hablar de los que mueven gente, no estén en 'modo avión'. Parar la construcción no es parar el país: afecta a trabajadores precarios que deben desplazarse bastante de sus sitios de confinamiento de la tarde y fin de semana. Si alguna reparación de algún servicio esencial hace falta, ya estaría bien que la propia patronal de la construcción organizara el servicio de urgencia de 24 horas. Igual con la electricidad, fontanería y logística afín. Estos días, con sucursales bancarias abiertas, los mayores se desplazan hasta ellas ya que no conocen otro modo de sacar el dinero (que temen, además, que se pueda evaporar). De nuevo: unas pocas sucursales de guardia sobre el territorio, por entidades, con recogida de taxi y acompañamiento de voluntarios, o del Ejército si se quiere, para garantizar necesidades reales, sería suficiente. Y servicios mínimos de verdad en industria química y farmacéutica, solo por la parte sanitaria afectada.

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Toda la distribución alimentaria y del medicamento, vinculable a la población, bajo canales predefinidos, que son los únicos controlables: de Mercabarna a los súpers y de los distribuidores a las farmacias (farmacias que juegan, en la crisis, un papel bastante fundamental de consejo y proximidad). No es tiempo de distribución en origen de demandas de alimentos de agricultura biodinámica, o de utensilios para hacer gimnasia en casa o para pintar el garaje. No cualquier textil, no cualquier desplazamiento de 'ubers' varios están justificados.

Esta semana, si las cosas no mejoran, creo que veremos medidas adicionales y, por aproximación de posiciones, podremos dejar de hablar de esta batalla, que la guerra es lo suficientemente importante.