25 may 2020

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EMERGENCIA SANITARIA

Covid-19: Lecciones de China y por qué tenemos que actuar ahora

Covid-19: Lecciones de China y por qué tenemos que actuar ahora

Adelaida Sarukhan

La lección principal es que las medidas enérgicas del Gobierno chino y las de distanciamiento social tomadas a nivel individual son claves para ralentizar la epidemia

Una de las lecciones de otras epidemias como el ébola es que la conducta individual es tan o más importante que las medidas impuestas por las autoridades

La situación de la epidemia en España (y en muchos países de Europa) a día de hoy es grave. La prioridad absoluta en este momento es retrasar la velocidad de transmisión del virus (en otras palabras, aplanar la curva epidémica) para evitar el desbordamiento de los servicios de salud y asegurar la capacidad de atender a los pacientes más graves.

Determinar las medidas más eficaces para lograrlo depende en gran parte de una serie de factores que hasta hace poco desconocíamos para este nuevo virus. Sin embargo, el comité de la OMS que estuvo en China recientemente para analizar la respuesta a la epidemia, publicó un informe que arroja valiosa información para guiar las respuestas de salud pública en otros países.

La primera información relevante es la confirmación de que las personas pueden ser contagiosas desde los primeros días de infección, incluso antes de la aparición de síntomas (que suelen aparecer entre los días 5 y 7 tras infección). Los expertos calculan que una parte importante de los contagios ocurren a partir de individuos presintomáticos.  En cambio, las infecciones verdaderamente asintomáticas parecen ser menos frecuentes de lo que se pensaba (alrededor del 1.2% según estudios).

Estudio con pacientes alemanes

Del informe también se desprende que las personas pueden seguir siendo positivos durante varios días o incluso semanas después de recuperarse. Ayer mismo, la OMS advirtió de que las personas infectadas por el virus pueden seguir infectando incluso cuando han superado la enfermedad. No se observó evidencia de que un paciente, una vez recuperado, pueda volver a infectarse.

En cuanto al contexto en que ocurre la transmisión, esta parece sobre todo ocurrir en el ámbito domiciliario. La transmisión intrahospitalaria o en las escuelas parece ser menos frecuente.

El análisis también indica que la población infantil es poco susceptible a la enfermedad (es decir, no desarrolla síntomas graves), aunque sí parece infectarse con la misma frecuencia que los adultos. La razón de esto aún no se conoce, ni se sabe todavía en qué medida contribuyen a la transmisión del virus.

Una de las conclusiones más relevantes del informe para otros países actualmente afectados por la epidemia es que las medidas enérgicas implementadas por las autoridades chinas (cuarentena y aislamiento de poblaciones infectadas, y medidas de distanciamiento social) han tenido un impacto real en frenar la transmisión del virus – el 15 de marzo, solo se reportaron 27 nuevos casos (contra prácticamente 4.000 en el pico de la epidemia). Singapur y Hong Kong, ambos países con una experiencia previa de SARS, también están en camino de controlar la epidemia, al igual que Corea del Sur.

La lección principal es que las acciones tempranas del Gobierno y las medidas de distanciamiento social tomadas a nivel individual son claves para ralentizar la epidemia.

Previsiones de evolución fuera de China  

Con una R0, o tasa de contagio, estimada de 2,5 (cada persona infectada contagia a entre dos y tres personas), los expertos predicen que entre un 20 y un 60% de la población mundial podría infectarse (lo cual significa por lo menos medio millón de muertos). Sin embargo, la R0 varía a lo largo de una epidemia, en respuesta a una serie de determinantes e intervenciones.

Las intervenciones más importantes son las medidas de contención (es decir, detectar y aislar los casos, identificar los contactos y ponerlos en cuarentena) y/o de mitigación (es decir, ralentizar la propagación del virus en la comunidad). Uno de los muchos modelos matemáticos que se han hecho para esta epidemia sugiere que se tendría que identificar al 80% de contactos para poder contener una epidemia que comienza con 20 casos de covid-19, en un periodo de tres meses. Sin embargo, la contención de covid-19 será insuficiente a la luz de la transmisión presintomática y de un periodo relativamente extendido de infecciosidad. Por ello, la OMS está instando a los países a practicar la contención y la mitigación al mismo tiempo. Y, en lo que se refiere a medidas de mitigación, está claro que los países tendrán que priorizar medidas para evitar el impacto en salud por encima del impacto económico.

Un análisis comparando la evolución de la epidemia de gripe española (1918) en dos ciudades americanas, pone claramente en relieve el papel importante de las medidas proactivas (dos días después del primer caso) impuestas en St. Louis versus medidas reactivas (16 días después del primer caso) impuestas en Philadelphia.

La situación actual con la covid-19 pone de manifiesto la urgencia de tomar estas medidas en cuanto antes, para aplanar la curva epidémica y evitar el colapso de los servicios sanitarios.  

Pero las medidas impuestas por las autoridades, aunque necesarias, no son suficientes. Una de las lecciones de otras epidemias como el ébola es que el comportamiento individual es tan o más importante que las medidas impuestas por las autoridades. Para la covid-19, los individuos juegan un papel clave en frenar la epidemia, mediante la implementación de medidas de distanciamiento social (cuarentena y aislamiento voluntarios, evitar desplazamientos innecesarios, guardar por lo menos un metro de distancia con personas enfermas, teletrabajar cuando posible), higiene de manos, y “buena etiqueta” respiratoria (taparse la boca al estornudar y toser). Es importante recalcar que estas medidas no solo tienen como objetivo la protección individual (la mayoría de casos de covid-19 solo presentan síntomas ligeros o moderados) pero también son una medida solidaria y colectiva para proteger a las poblaciones más vulnerables (personas mayores y personas con condiciones crónicas) que se pueden ver afectadas de manera directa e indirecta por el brote.

La temperatura es un determinante ambiental que con un poco de suerte podría jugar a nuestro favor. Se espera que, como la influenza, la transmisión del SARS-CoV2 pueda verse afectada por un alza de temperaturas al llegar la primavera/verano. Sin embargo, no hay evidencia de esto por el momento (en Singapur hubo transmisión sostenida a pesar de temperaturas más elevadas) y podría no ser suficiente para disminuir la R0 por debajo de 1 (requisito para controlar la epidemia).

Más a largo plazo, la inmunidad colectiva ayudará a frenar la transmisión, aunque se estima que el 50% de la población necesitaría desarrollar inmunidad para acabar con la epidemia. En cuanto a una posible vacuna, a pesar de los esfuerzos de la comunidad científica, no será posible antes de 12-18 meses en el mejor de los casos. 

Muchos expertos prevén que el SARS-CoV2, como el H1N1, acabe siendo un virus más en el repertorio de virus que nos afectan. Sin embargo, está claro que el impacto a nivel global será enorme y duradero, y afectará sobre todo a los más vulnerables desde el punto de vista médico y económico.

Esta epidemia se puede y debe frenar. Está en manos de todos lograrlo.