Respuesta ante el coronavirus

Estar a la altura

El debate competencial no debe empañar lo importante: combatir el virus

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Ilustración de Leonard Beard.

Ilustración de Leonard Beard. / LEONARD BEARD

Lunes, primer laborable en confinamiento. España está en cuarentena y las cifras de fallecidos y contagiados indican que las medidas tomadas, por duras que sean, son cruciales. La ciudadanía debe asumirlas cuanto antes  y responder con responsabilidad y solidaridad. Las “semanas duras” que anticipó Pedro Sánchez son una realidad y urge frenar la curva de contagios para así aliviar la situación de hospitales y urgencias.

Nos jugamos demasiado ante una crisis sanitaria de primer orden que tiene, a su vez, graves consecuencias económicas y sociales. El número de fallecidos se ha duplicado en un solo día y el de contagiados se eleva con demasiada rapidez porque muchos de ellos se han infectado en una fase de incubación de la que muchos ciudadanos no son conscientes, lo que hace temer cifras más dramáticas. Las calles están vacías y, al mismo tiempo, los boxes de los hospitales, donde el personal sanitario se vuelca sin descanso para dar una respuesta a una pandemia impensable meses atrás, están al borde de la saturación.

El estado de alarma altera nuestras vidas, pero es en beneficio propio y ajeno

Ante este contexto, la gestión política debe estar a la altura y los ciudadanos también. Ni paseos por la playa ni barbacoas de domingo. En casa. Si las autoridades no cuentan con la complicidad de todos, vamos mal encaminados. La responsabilidad de los gobiernos es tomar decisiones sin demora, por más costes que tengan. El estado de alarma, que ha entrado en vigor este domingo, altera nuestras vidas, pero su cumplimiento es en beneficio propio y ajeno.

¿La decisión se ha tomado cuando tocaba?; ¿Tiene sentido anunciarlo y no desgranar las medidas hasta 36 horas después? Son preguntas que merecen su repuesta, pero ahora la prioridad es combatir el virus. Otros debates  debilitan y son incomprensibles a ojos de la población.

La conferencia de presidentes virtual convocada por Sánchez este domingo -un día después de lo previsto- para detallar el plan decretado acabó con cierta conciencia de que es necesaria una unidad de acción. Cada presidente autonómico expresó sus inquietudes legítimas pero fueron el lendakari Iñigo Urkullu y el 'president' Quim Torra quienes trasladaron su malestar por la invasión competencial que a su juicio supone que la policía y sanidad queden bajo el mando único del Gobierno. Urkullu fue crítico pero despachó en diez segundos su disconformidad anteponiendo el interés general de la ciudadanía, lamentado que cooperar no es imponer.

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Torra, que el viernes anunció el confinamiento sin tener competencias para ello, optó por no suscribir el texto unitario emitido tras el encuentro al considerar que no se atienden las necesidades más urgentes de Catalunya. Es más, cree que son confiscatorias. El presidente catalán acierta cuando se dirige a los ciudadanos para pedir que sigan en casa y se eviten éxodos. Pero el alud de críticas de dirigentes políticos de su órbita alertando de un supuesto “155 encubierto” o de un “virus del centralismo” está de más. Otras salidas de tono son aún más graves y no merecen si quiera un comentario.

Las semanas que nos esperan serán de una complejidad extrema y lo serán mucho más si nos enredamos en polémicas cromáticas. En nada ayudan a los que atienden a los enfermos en jornadas maratonianas y a los que sólo pueden esperar en sus hogares a que la crisis sanitaria empiece a revertirse. Ya habrá tiempo para rendir cuentas, de los aciertos y de los errores. Cualquier partidismo, venga de donde venga, debe quedar de inmediato en punto muerto. Ahora no es el momento. Sí lo es de estar a la altura.