10 ago 2020

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IDEAS

Scarlett Johanson, en un fotograma de ’Under the skin’, de Jonathan Glazer

El estreno tardío de 'Under the skin'

Desirée De Fez

Me atrae la idea de que, ante tanta oferta sin salir de casa, la posibilidad de ir al cine a ver una película inédita o un reestreno bien cuidado se convierta en un planazo

La noticia es el estreno en cine. La distribuidora Avalon anunciaba esta semana que 'Under the skin', la película de Jonathan Glazer, se estrenará en salas el 24 de abril y estará disponible en la plataforma Filmin el 20 de mayo. Llega a salas en España con siete años de retraso. Aunque no tengo dudas de que en todo este tiempo ha habido gente interesada en distribuirla, desconozco exactamente las razones por las que su estreno se ha hecho esperar tanto.

Pero, aun siendo consciente de que hablo de un contexto y un 'timeline' muy específicos, al ver el entusiasmo con el que los medios especializados y las redes recibían la noticia pensé que, por extraño que parezca, esa demora jugaba esta vez a favor de obra. La película de Glazer es inmensa, es uno de los mejores filmes de ciencia ficción de todos los tiempos. Y, como quedó claro en las listas de lo mejor de la década pasada, es una de las películas más importantes de los últimos años. Obviamente, una propuesta de este valor merecía ser vista en su momento. Pero no fue así. Llega ahora, y de algún modo el cambio de coyuntura y escenario da una dimensión extraordinaria al estreno.

Varios compañeros y amigos se mostraban entusiastas ante la posibilidad de verla o de volver a verla en cines (pues 'Under the skin' se pasó en el festival de Sitges en el 2014). Y la conversión, aunque sea a pequeña escala, de esa posibilidad en un futuro acontecimiento me pareció interesante. En un acontecimiento minúsculo, pues por su propia naturaleza ni arrasará la taquilla ahora ni la hubiera arrasado en su momento, pero un acontecimiento. Es como si, al aceptar definitivamente la multiplicidad de pantallas, en un giro inesperado de los acontecimientos, en vez de desmitificar la sala de cine la estuviéramos revalorizando (sé que somos muchos los que nunca hemos puesto en duda su valor esencial).

Seguro que me paso de optimista, pero me atrae la idea de que, ante tanta oferta sin salir de casa (algo que, por supuesto, también me parece estupendo), la posibilidad de ir al cine a ver una película inédita o un reestreno bien cuidado se convierta en un planazo.

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