26 oct 2020

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análisis

Setién, Sarabia, Pascua Ibarrola y Soto, en el banquillo del Camp Nou.

La búsqueda de la felicidad en el Bernabéu

Iosu de la Torre

Las reflexiones de Epicteto que inspiran a Pascua Ibarrola saltarán por los aires cuando la pelota comience a rodar

Chimy Ávila y Adama Traoré son ejemplo de lo complicada que puede ser la vida de un futbolista hasta alcanzar la élite

Jon Pascua Ibarrola es algo más que el entrenador de porteros en el grupo técnico dirigido por Quique Setién. Es el ayudante que se sienta en el banquillo sin apenas inmutarse mientras Eder Sarabia, el número dos, 'calienta' dando instrucciones a todo quisqui, incluido Messi.

Quienes han conocido a Pascua Ibarrola de cerca lo definen como un hombre tranquilo, amable, reflexivo, solidario y, sobre todo, feliz. Un modo de acercarse a este bermeano hijo de pescadores, admirador de Nelson Mandela, es husmear en sus redes sociales. En la víspera del clásico, mientras el equipo concluía el entrenamiento, rescató una reflexión de Epicteto, filósofo de la Antigua Grecia: «La única manera de satisfacer tus deseos es limitar tus necesidades». Y remataba Pascua Ibarrola: «Si bien no siempre puedes tener todo lo que quieres, lo que si puedes hacer es querer y apreciar todo lo que tienes». 

¿Viaja el Barça al Bernabéu con un mantra de tamaño calibre? ¿ Imaginan a los jugadores haciendo un rondo con las palabras de Epicteto?  El estoico (ojo, nada que ver con Stoichkov, sino todo lo contrario) que predicó sobre el dominio de las pasiones muchos siglos antes de que el balón reinase entre nosotros, hoy podría tomar asiento en el Bernabéu y comprobar que el hombre embutido en una camiseta blanca, fabricada en China antes del coronavirus y patrocinada por una casa de apuestas, es bastante parecido al que vestía túnica en los estadios griegos. El espectador de hoy asiste a un gran partido de fútbol con pasión idéntica a la que experimentaban aquellos antepasados ante una carrera de cuadrigas. 

El delantero de Osasuna Chimy Ávila / JESÚS DIGES (EFE)

Revisar las máximas de Epicteto debe ayudar un huevo al ocupar plaza en el 'staff' técnico de un club enorme ante un clásico. Calma y serenidad. La felicidad y la libertad. Conceptos que saltarán por los aires en el momento en que la pelota comience a rodar tras el pitido de Mateu Lahoz y Messi haga de Messi en ese templo que se le da tan bien con el permiso (o no) del VAR.

A las lecciones del estoicismo cotidiano es más fácil llegar  cuando se alcanza un podio. Que se lo pregunten a Chimy Ávila o Adama Traoré. Los delanteros de Osasuna y Wolves han dado a conocer esta semana más detalles de lo complicada que puede ser la vida de un futbolista antes de alcanzar la élite. No tuvieron tiempo para lecturas filosóficas y sí para defenderse en la búsqueda de un sueño.

El argentino repitió en el 'Informe Robinson' de Movistar que hoy podría estar muerto o en la cárcel como muchos de lo amigos de adolescencia en Rosario. El de L’Hospitalet explicó en el diario' Sport' que pudo acabar en una banda callejera en la Florida y que le salvó el balón. Ávila Traoré, sin saberlo, eran alumnos de Epicteto Ibarrola. No siempre pudieron tener todo lo que querían, lo que sí pudieron hacer es querer y apreciar todo lo que tenían. Y lo siguen haciendo en Pamplona y Wolverhampton.

A los pies de Messi

Esta noche las cámaras enfocarán el banquillo visitante en el Bernabéu, donde el hombre tranquilo (Pascua Ibarrola), el ilusionado por el estreno en el clásico (Setién) y el agitado que da órdenes con aspavientos (Sarabia) cifrarán su suerte, y la del barcelonismo, en el mejor jugador del mundo. El depredador que nunca leyó a Epicteto.