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La eterna batalla de la fotógrafa de la mafia

¿Cómo Letizia Batagglia, una bella ama de casa con dos hijas, acaba convertida en la fotógrafa emblemática de los años más cruentos de la mafia siciliana?

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Letizia Batagglia, en ’La fotógrafa de la mafia’

Letizia Batagglia, en ’La fotógrafa de la mafia’

Lo primero que pasa cuando un documental cuenta una buena historia es que te sale decir: "Esto sería una película buenísima". Pasa lo mismo con una buena receta gastronómica -parece comprada-, una buena foto -parece trucada- o un hermoso paisaje -parece pintado-.

Así son las buenas historias, y la de Letizia Batagglia, retratada en el documental 'La fotógrafa de la mafia' que emite Movistar+ es, de tan buena, carne de ficción. ¿Cómo una bella ama de casa con dos hijas acaba convertida en la fotógrafa emblemática de los años más cruentos de la mafia siciliana?

Hay un momento clave en esta sorprendente pieza fílmica dirigida por Kim Longinotto, que mezcla fotogramas de clásicos italianos con las imágenes más violentas de la Cosa Nostra. Este momento es narrado, como todo en el documental, por la propia Letizia. La infancia feliz de la protagonista en el Palermo de los años 40 es truncada por su traumático encuentro con un exhibicionista, que provoca el miedo y el mandato paterno: Letizia ya no deberá salir sola hasta los 16 años. "“Los padres tenían el miedo de que otro hombre nos arrebatara de su lado", dice socarrona. Toda la batalla de Batagglia -he ahí también la marca del apellido- será a partir de entonces contra las injusticias de una sociedad opresiva.

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Batagglia se casa para escapar de su casa, pero la trampa sigue ahí: su marido no le deja que estudie. Batagglia se revuelve. Busca amantes, es internada en un sanatorio y finalmente, a los 40 años, ya divorciada, se planta en la redacción del diario 'L’Ora' buscando trabajo. Su vida a partir de entonces será retratar los estragos de la Omertà, que se cobraba en las décadas de los 70 y 80 hasta tres muertos al día.

Por el camino, pasa de todo: amores para aplacar la constante presencia de la muerte, amenazas, los traumáticos asesinatos de Giovanni Falcone Paolo Borsellino y la entrada en política de la protagonista. Y la constante obsesión de una fotógrafa consumada ante las fotos que no pudo o no supo hacer. Lo único que no hay es la resignación ante el paso del tiempo. Batagglia sigue centrada en amar, rebelde como ella sola, hasta las últimas consecuencias. Un historión.