02 jun 2020

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La coincidencia de JxCat, PP, Vox y Cs

El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el de la Generalitat, Quim Torra, en el Palu, el jueves.

FERRAN NADEU

¿Mediador contra desinflamación?

Joan Tapia

El PP quiere que se liquide la mesa de negociación y Torra pone condiciones suplementarias

El clima en Catalunya es bastante menos tenso que el de hace unos meses cuando las reacciones a la sentencia del Supremo. Una razón es que cinco de los nueve condenados ya tienen los beneficios que permite el reglamento penitenciario.

Las fotografías de Carme Forcadell saliendo de la prisión (o la de Jordi Cuixart entrando a trabajar en su empresa) son ilustrativas. Esto ha sido posible por dos razones. Una, por la cautela con la que la 'consellera' de Justícia, Ester Capella, pilota el asunto. También porque la sentencia, calificada de muy dura, tenía agujeros.

El Supremo no condenó por rebelión -como solicitaba la fiscalía- sino por sedición, siguiendo los criterios de la Abogacía del Estado. Y también denegó la petición de la fiscalía de que los condenados no tuvieran beneficios penitenciarios hasta cumplir la mitad de la condena. ¿Todo fue casualidad? Y la desinflamación es mayor por cuanto la anunciada reforma del Código Penal podría cambiar de forma más radical la situación de los presos. ¿Antes del verano?

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Otro factor es la investidura de Sánchez, que fue posible por la abstención de ERC. Y la condición esencial fue la constitución de una mesa de diálogo entre los dos gobiernos. Esta mesa será muy complicada y no se puede esperar mucho a corto ya que el gobierno catalán está terminal y con elecciones anticipadas anunciadas.

Estamos en transición desde una etapa de confrontación total -declaración unilateral y reacción penal del Estado- a otra de negociación. Alguien dirá que hemos pasado de la guerra sin cañones al armisticio de facto. Siempre es preferible el armisticio.

Lo grave es que en España y en Catalunya hay fuerzas relevantes que juegan a la contra. Pablo Casado acaba de insistir en que seguirá bloqueando la renovación de las instituciones mientras Sánchez no rompa la todavía no nacida mesa de diálogo. La cerrazón de la derecha democrática no ayuda.

También preocupa el intento de poner palos en la rueda del propio 'president' de la Generalitat y de JxCat, el segundo grupo de la cámara catalana. Torra recibió a Sánchez con la máxima corrección -él y Puigdemont saben que la intransigencia no es popular en Catalunya- y no se opuso a que la mesa de diálogo se formara en febrero. Pero luego ha puesto la condición del famoso mediador.

El mediador exige el previo acuerdo -inexistente- de las dos partes. Y con esa excusa ha ido dilatando la reunión de la mesa de diálogo. ¿Con qué objetivo? Quizás para demostrar que la propuesta de ERC no funciona y obstaculizar así la estabilización del gobierno Sánchez (y de la coalición con Podemos) impidiendo la aprobación de los presupuestos. Es un objetivo que curiosamente coincide con el del PP, Cs y Vox.

En esta actitud subyace la apuesta de Puigdemont de 'cuanto peor, mejor'.  Pero sorprende bastante que figuras representativas del PDCat no hayan ido tomado distancias de esta reiterada reincidencia en el maximalismo. ¿Qué piensa Artur Mas? Silencio. ¿Y David Bonvehí? ¿Y el 'grupo de Poblet'?

La realidad es que el PSOE (en Catalunya el PSC) y ERC divergen en lo fundamental, pero al menos coinciden en intentar que el desencuentro no siga paralizando (y perjudicando) a Catalunya y a España. Por el contrario, hay otros grupos relevantes -desde el PP y Cs a JxCat- que no solo están en desacuerdo en lo fundamental, sino que además apuestan por resolver el conflicto a base de subir la apuesta: 155 como antibiótico de uso frecuente, o insistencia en que todo lo que no sea la autodeterminación a corto equivale a una traición.