26 oct 2020

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La salida del Reino Unido de la UE

Un contrario al ’brexit’ se manifiesta en Londres con una careta de Boris Johnson.

ALASTAIR GRANT (AP)

El emocionante 'brexit'

Ricard Ustrell

El populismo lleva años desestabilizando nuestro comportamiento político, pero también el civil y el familiar

Tengo un amigo que hace cuatro años que vive en Londres y no le preocupa lo que le pueda pasar este viernes con el 'brexit'. La misma globalización que lo ha llevado a trabajar allí le permite seguir haciéndolo porque su empresa no tiene ni sede fiscal en el Reino Unido. Responde a mis mensajes de texto con emoticonos que refuerzan su tranquilidad. Aprovecho para revisar las últimas conversaciones que hemos tenido y observo que algo irracional nos ha llevado estos últimos años a apelar más a las emociones, con exceso de emoticonos.

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Este hecho me conecta con la salida del Reino Unido de la Unión Europea. El 'brexit' es una victoria sentimental que ha reafirmado a los que siempre habían visto Europa como un medio y no como un fin, pero cuando la campaña del 'brexit' realmente triunfó fue cuando se empezaron a escuchar las voces que, apelando a los sentimientos, reclamaban "recuperar el país”. Hay que sumar los terremotos políticos mundiales. Lo constataba Davos asegurando que Estados Unidos será el principal factor de inestabilidad en el mundo en el 2020. No es nuevo. El populismo lleva años desestabilizando nuestro comportamiento político, pero también el civil y el familiar. En Estados Unidos y otros países. Las emociones lo han alterado: se dispararon las encuestas cuando Alex Salmond se emocionó durante la campaña por la independencia de Escocia, o dieron la presidencia a Bolsonaro cuando lo vieron con agresividad cínica votando a favor del 'impeachment' a Rousseff. Bolsonaro votó en nombre del torturador de Rousseff.

Por todo ello, cuando me di cuenta de la saturación de emoticonos en las conversaciones con mi amigo, me entró vértigo. En el fondo era la forma más rápida de llegar a nosotros, pero también de tapar nuestra realidad. Con mi amigo, la distancia nos ha cambiado. Y lo peor de todo: no volveremos a ser los de antes. Pero es mucho más fácil expresarlo con una emoción que en palabras. No es momento para buscar las razones que nos han llevado aquí. A los dos nos está bien así.