06 jun 2020

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Editorial

Con exclusiones no puede haber diálogo

Con su veto a los Comuns, Elisenda Paluzie vuelve a intentar sabotear cualquier posible acuerdo

 Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC, el pasado 1 de octubre.

 Elisenda Paluzie, presidenta de la ANC, el pasado 1 de octubre. / Jordi Cotrina

La voluntad de diálogo expresada en el acuerdo entre el PSOE y ERC que permitió la investidura de Pedro Sánchez y aspira a encauzar en términos razonables el conflicto político en Catalunya no solo tiene como enemigos a las derechas que lanzan augurios y amenazas tremendistas desde los escaños del Congreso. Por supuesto, también a los sectores del independentismo que fían a una escalada constante de tensión la posibilidad de imponer sus puntos de vista se les pueden contar entre los adversarios del diálogo. Entre ellos, a la presidenta de la ANC, Elisenda Paluzie, que hasta ahora no ha dejado escapar ninguna ocasión para tensar la cuerda con iniciativas, declaraciones o actitudes incendiarias. La última, exigir la exclusión de los Comuns de la mesa de partidos catalana.

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El  acuerdo para la investidura establece que se deberá convocar una mesa de diálogo entre el Gobierno español y el catalán, pero alude también a la posibilidad de esta iniciativa se coordine con otros espacios como la Mesa de Partidos del Parlament de Catalunya. Esta previsión, ciertamente, deja un margen a la ambigüedad. Si la reunión previa que se quiere celebrar antes del primer encuentro bilateral responde al espíritu con el que se creó aquella mesa, con participación del PSC (PP y Cs se autoexcluyeron de entrada) y la intención de recoger distintas sensibilidades del país, es un error excluir a los Comuns. Si de lo que se trata es de una reunión entre los partidos independentistas para despejar diferencias y fijar la posición del Govern, eso, al margen de lo ímprobo del objetivo, limita radicalmente el alcance de esta instancia, que solo podría aspirar a representar a un único sector de la sociedad catalana.

Aún peor es la mentalidad que se trasluce en el veto de Paluzie: reduce las aspiraciones catalanas las que acuerde el independentismo (ni siquiera eso: descartando cualquier estrategia gradualista, la ANC dicta que solo se podrían negociar las condiciones de la secesión) y quienes no compartan este planteamiento solo pueden ser considerados miembros de la otra parte sentada en la mesa, el Gobierno de España.