Ante la investidura

Esperanza y vértigo

ERC se encuentra en la tesitura de mantener abiertas las vías que abrió el acuerdo con el PSOE o dejarse llevar por la pinza de la derecha española y JxCat

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Esperanza y vértigo

LEONARD BEARD

¿Cómo describir el sentimiento que me produce la lectura del acuerdo político entre PSOE y ERC? Imagino que como ocurre a otras personas, mi sentimiento es una mezcla de esperanza y vértigo. Me explico.

Tengo tres motivos para la esperanza. El primero es que el acuerdo responde al principio de reconocimiento de la realidad. Una realidad que dice que sin aceptar la existencia del conflicto político catalán no habrá sosiego ni estabilidad en la política española. Es como el dinosaurio del magistral microcuento de Augusto Monterroso: cada solución política que no reconozca esa realidad será como un sueño y al despertar nos encontraremos con que el dinosaurio sigue ahí.

Si coincidimos en este punto, entonces vemos con claridad que los partidos liberal, conservador y de extrema derecha españoles no están en situación de formar parte de la solución. Ni Ciudadanos ni el Partido Popular y aún menos Vox reconocen esa realidad. Aunque pudiesen formar gobierno, al negar la existencia del problema catalán, Cs, PP y Vox no podrían dar estabilidad y sosiego a la política española.

Así las cosas, el PSOE de Pedro Sánchez solo podía buscar la formación de gobierno en el acuerdo con la ERC de Oriol Junqueras. Hoy por hoy, no hay más cera que la que arde. Dado que las dos facciones del partido conservador catalán, PDECat y JxCat, no están en condiciones de formar parte de la solución. Su brusca conversión al independentismo no les permite por ahora salir del 'modo bloqueo'.

El segundo motivo para la esperanza es que los dirigentes de ERC han tenido el coraje moral y político de renunciar a la vía unilateral y apostar por la del diálogo. Hasta ahora ERC había estado prisionera de la estrategia unitarista que interesaba a Carles Puigdemont Quim Torra para mantener el poder en Catalunya. Ahora se ha arriesgado a volar sola en la búsqueda de una salida dialogada, negociada y acordada.

Esperanza, en tercer lugar, porque el acuerdo alcanzado se apoya en los dos axiomas fundamentales de la democracia parlamentaria: el principio democrático y el principio de legalidad o del Estado de Derecho. Ambos principios están en el frontispicio de la Constitución española.

El principio democrático establece que cuando una parte significativa de los ciudadanos que viven en un territorio determinado expresan con claridad y de forma recurrente su deseo de replantear los términos de la convivencia, los dirigentes políticos tienen la obligación política de buscar cauces a esa demanda. Hay un 80% de catalanes que demandan un mejor autogobierno y quieren que se les consulte la fórmula, que no necesariamente tiene que ser la independencia. Lo que hace el PSOE ahora es apoyar ese principio democrático.

El principio de Estado de derecho establece el respeto a la legalidad, sin renunciar a que pueda modificarse a través de los procedimientos establecidos por ella misma. Este principio es el que no se respetó con las leyes del Parlament de desconexión y de convocatoria unilateral del referéndum, del 6 y 7 de septiembre de 2017. Lo que hace ahora ERC es aceptar el principio de legalidad.

Si hay razones para la esperanza, ¿de donde viene el vértigo? En primer lugar, de la ambigüedad con la que está redactado el acuerdo. Una ambigüedad calculada y necesaria para poder lograrlo, pero también fuente de los temores que cada uno quiera imaginar. Y se pueden imaginar muchos.

El vértigo viene también, y de forma especial, de que el acuerdo habla de una mesa “entre gobiernos”. Pero, en un caso, en el de España, ese gobierno aún no existe y, en su caso, tendrá una base parlamentaria endeble; y, en el otro, el Govern de la Generalitat, está sometido a fuertes tensiones, tanto desde dentro como desde el ámbito judicial, tensiones que pueden dar al traste con él en cualquier momento.   

De hecho, cuando prácticamente había terminado de escribir este artículo se acaba de materializar este riesgo. En una decisión controvertida y muy discutible, jurídica y políticamente, la Junta Electoral Central ha acordado destituir a Quim Torra. La judicialización del conflicto impulsada por PP, Vox y Ciudadanos acaba de meter otro gol a la política.

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Llegado a este punto, imagino el vértigo que puede sentir ERC entre mantener la esperanza que había abierto el acuerdo o dejarse llevar por la pinza entre, por un lado, PP, Vox y Cs, y, por el otro, JxCat y la ANC.

Mi esperanza es que habiendo llegado a este punto, a los dirigentes de ERC no les tiemble el pulso para mantener firme el timón de la gobernabilidad en la dirección de la política.