19 feb 2020

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análisis

Vista de una de las calles de la ciudad siria de Idlib destruida por los efectos de la guerra.

DPA / ANAS ALKHARBOUTLI

Las escalas del caos

Rafael Vilasanjuan

El dato alarmante es que vamos a cerrar el 2019 con un nuevo record de desplazados por la fuerza, como consecuencia de conflictos abiertos, de violencia generalizada o víctimas de bandas criminales organizadas

Vivimos a este lado del mundo como si no hubiera infierno. Tenemos la suerte inmensa de haber nacido en el lado correcto: una lotería. No quiere decir que aquí no tengamos problemas, no haya sufrimiento, desigualdad o marginación y pobreza que combatir. Pero aunque solo fuera por la fuerza de estas fechas conviene rescatar del olvido a los mas vulnerables, aquellos que dibujan un mapa de escalas imposibles: millones de víctimas perseguidas por sus propios líderes y olvidadas por la comunidad internacional. El dato alarmante es que vamos a cerrar el 2019 con un nuevo record de desplazados por la fuerza, como consecuencia de conflictos abiertos, de violencia generalizada o víctimas de bandas criminales organizadas. Se ha rebasado la barrera de 70 millones, mas de la mitad mujeres y niños.

Siria es nuestra primera escala en la memoria. Las víctimas de este conflicto, son las más numerosas en la lista del abandono mundial. Mas de la mitad de la población ha tenido que buscar refugio fuera de sus ciudades y pueblos. De los casi seis millones de refugiados sirios, apenas uno pudo abrir las puertas y entrar en el cielo europeo, -o mejor dicho en Alemania-, el resto siguen repartidos entre Líbano, Jordania y sobre todo Turquía donde hay casi 4 millones. La mitad menores de 17 años, tendrían que estar en la escuela, pero que no lo están. Hemos perdido ya una generación y todo apunta a que la situación seguirá estancada en el 2020 fruto de esa guerra que aunque parece acabada, ni ha cerrado heridas, ni permite el regreso.

Centro de gravedad

En nuestro imaginario Siria tiene un lugar, sus víctimas, en cambio, están cada vez más lejos de las políticas para acogerles y darles refugio en nuestros países. Pero aunque las guerras tienen esa capacidad de que cuando una ocupa el centro de gravedad informativa el resto desaparece, hay más, muchas más. En Yemen la violencia afecta también a una población exhausta a la que el conflicto les ha dejado sin medios de subsistencia y sin protección. Así están también las víctimas de crisis infinitas como los rohinyás en Myanmar, o las de conflictos crónicos en Afganistán, Somalia, Sudán del Sur, o la República Democrática de Congo, que 25 años después del genocidio en Ruanda, sigue con millones de personas encerradas en campos, sin esperanza y sin visos de superar el enfrentamiento étnico en una de esas escalas imposibles a donde no llegan los focos, ni apenas ayuda humanitaria.

Lejos de estos conflictos clásicos, Venezuela asoma al abismo mientras cuenta sus desplazados en millones hasta alcanzar el segundo lugar en el ranking de generar refugiados. Es una nueva escala en un mapa del caos que este año crece. Conviene recordarlo, aunque solo sea para tenerlo presente y rescatar a todas estas víctimas del olvido, especialmente frente a los discursos apocalípticos que intentan criminalizarlos y trasladarles las culpas de otras cosas que nos pasan, mientras son ellos los que sufren las peores consecuencias de vivir en un infierno.