21 feb 2020

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análisis

Una de las pancartas dedicadas a Zozulia en el estadio de Vallecas en el Rayo-Albacete.

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Por un "nazi" ya no habrá más partidos de fútbol

Iosu de la Torre

Quién iba a decirlo. Por fin no habrá más partidos de fútbol. Se acabó el opio del pueblo. Después de la suspensión del Rayo-Albacete por acosar desde la grada de Vallecas a un futbolista ultranacionalista ucraniano con el grito "puto nazi" ya nada podrá impedir que haya árbitros valientes, empujados por equipos valientes que convenzan en cuestión de minutos a la patronal corajuda para mandar a parar. Que no se anden con bromas en cuanto se oiga una de las muchas bestialidades que cada fin de semana escupe la grada en un estadio de fútbol.

Y como los cánticos ofensivos se repiten una jornada sí y otra también habrá que crear una nueva figura en los medios de comunicación, la del cronista de los partidos suspendidos. Minuto y resultado en el marcador de los improperios.

Gritos de guerra

Hace muy poco, alrededor de 3.000 aficionados, por decir algo nada ofensivo, desearon la muerte de Antoine Griezmann mientras se jugaba el Atlético-Barça. Como si nada. La víctima sufrió un aparente ataque de sordera y siguió jugando, por decir algo. El ambiente se esperaba tan infernal en el derbi en el Wanda que el árbitro no dejó constancia en el acta ninguna referencia al grito de guerra, con lo que la posibilidad de que el comité de competición actúe para sancionar al club es prácticamente ninguna.

Insultar sale gratis en cualquier estadio. Qué dirán los del Espanyol si recuerdan los cánticos salvajes de muchos culés a los desaparecidos Dani Jarque y Fernando Lara. Si hubieran podido habrían hecho un 'Cantona', como los azulgranas al escuchar las rimas a cuenta de Piqué y Shakira o cuando el Bernabéu se repite sin cesar "puta Barça, puta Catalunya". O en cualquier otro escenario futbolítico donde se escuchan gritos racistas, eslóganes homófobos, se emiten gruñidos simiescos dedicados a los jugadores negros.

Sea bienvenido el suceso del estadio vallecano para confiar que nunca más habrá un insulto en un gran estadio. El miércoles mismo podrá calibrarse en el clásico.

¿Y si gritan 'puto comunista'?

Filippo Ricci se pregunta: "¿Y si alguien grita 'puto comunista' a un jugador se suspende el partido?" Si la respuesta al corresponsal de 'La Gazzetta dello Sport'  en España la diera Javier Tebas, que se prepare para un rotundo no. Todo el mundo sabe que entre los futbolistas no hay un solo comunista. y mucho menos homosexuales, que es otra condición que inquieta al ultrapresidente de LaLiga. Nunca se hizo cuando se humilló a un futbolista negro o uno portugués, cuando se le recordó a otro quién podía ser su madre, cuando se insultó con insistencia a la mujer del siguiente, cuando se envolvió con la palabra "puta" a cualquier país, nación o cosa, e incluso cuando se reclamó a fusilar a vascos en el Manzanares antes de que unos ultras mataran a un gallego del Depor. Qué decir de los 'celtarras' que pedían a Bin Laden un avión en Riazor. 

La acción para domesticar a las bestias ha comenzado con un partido donde se utilizó la palabra "nazi" para retratar a un deportista. La ley contra el racismo y la xenofobia en el deporte protege a un futbolista de sospechosa militancia. Pobre nazi. Para despejar las dudas le hubiera bastado con decir públicamente "no soy nazi, repudio el nazismo y todo lo que supone".