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IDEAS

Billie Eilish, en el Palau Sant Jordi, el pasado septiembre.

FERRAN NADEU

Vuelve el espíritu navideño

Jordi Puntí

Como la iluminación navideña y las cenas de empresa, cada vez llegan más pronto las listas de los mejores libros, series, discos y películas del año. De hecho el 'New York Times', que es uno de los diarios que marca el ritmo, ya anunció su elección a finales de noviembre, y poco a poco se le añaden otros medios. En algunos casos los escogidos no se hacen públicos hasta bien entrado diciembre, como en este diario, pero las personas que votan ya llevan un par de semanas dándole vueltas a su veredicto y barajando listas. Así, entre todos, hemos convertido diciembre en una tierra de nadie. Lo que se publique en este último mes difícilmente entrará en los resúmenes del 2019, y, perdido en la distancia, recibirá poca consideración cuando sea su turno en once meses, a finales del 2020.

A lo mejor también tendríamos que hacer listas de las peores empresas para el cambio climático, los sátrapas más peligrosos de la ultraderecha...

Este año, además, se añade otro elemento de confusión: las listas de lo mejor de esta década. Estamos a punto de cerrar los años 10 y entrar en los años 20, que en el siglo anterior fueron tan prósperos y libres que se suelen adjetivar como "felices". Hace cien años, la mayoría de las artes vivieron en ese periodo de entreguerras una pulsión renovadora, que ampliaba los márgenes de lo que se aceptaba socialmente y lo cuestionaba todo. Después, claro, la gran depresión económica a partir de 1929 y la segunda guerra mundial, el comunismo y las dictaduras, destrozaron un siglo de extremos: los grandes avances tecnológicos, intelectuales y sociales coincidieron con la barbarie humana, y Adorno proclamó que ya no se podía escribir poesía después de Auschwitz.

Ahora mismo, a las puertas de la nueva década, nada nos lleva a pensar que viviremos otros felices años 20. Es cierto que las listas culturales son cada vez menos unánimes, más diversas, y dibujan una escena creativa notable, pero a su vez da la impresión de que el espíritu crítico del arte sigue un camino paralelo a la realidad, y no afecta en nada a los que son objetivo de denuncia. A lo mejor también tendríamos que hacer listas para recordar las diez peores empresas para el desastre climático del 2019, los diez sátrapas más peligrosos de la ultraderecha, los diez ataques más flagrantes contra la libertad de expresión...