15 jul 2020

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El conflicto catalán

Greta Thunberg, durante la rueda de prensa en Madrid, este viernes.

Acn / Andrea Zamorano

Necesitamos una Greta

Emma Riverola

El movimiento emocional que hemos llamado 'procés', en realidad, contiene muchos elementos en común con el 'fenómeno Greta'

Ni comisiones bilaterales entre gobiernos ni mediadores ni mesa de negociación ni vía política, lo que necesitamos es una Greta. Para resolver el conflicto entre Catalunya y España, pero sobre todo para encontrar una salida a este movimiento emocional que hemos llamado ‘procés’. En realidad, contiene muchos elementos en común con el 'fenómeno Greta'. Para vivirlo con entusiasmo se requiere alejar un poco la razón. No mucho, lo suficiente para no formular preguntas molestas.

¿Es necesario que nuestra Greta particular aporte una visión nueva, extraordinaria, fundada en una reflexión profunda y analítica? Pues no. ¿Acaso Greta aporta todo eso? No, es simplemente una adolescente a la que millones de personas le han otorgado autoridad. Su mensaje es el mismo que hace años advierten expertos con datos irrefutables. Pero sus palabras eran incómodas y sus voces aburridas. En la época de Instagram y Twitter, de imágenes impactantes y mensajes contundentes, Greta ha sido elevada al altar de la popularidad. Ahí donde solo se aúpan los iconos. No hay unanimidad en lo que representa: autoridad, mesianismo, operación de márketing o representación de la simpleza. Tampoco en los sentimientos que provoca: pasión, ternura o indiferencia. También ese es su éxito. Es el objeto de deseo de los medios capaz de colar un mensaje imprescindible. Si su alegato cala de la camiseta a la piel, vale la pena.

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El 'procés' sabe mucho de lemas en camisetas. De mensajes contundentes e imágenes impactantes. Pero, ahora, se encuentra al final del laberinto. Hay dos salidas. Unilateralidad o pacto. La primera ya se probó y vino el abismo. También podemos seguir recorriendo el laberinto. Perdiéndonos en los recodos, arriba y abajo en los mismos pasadizos, cada vez más cansados, más caricatura de nosotros mismos. Necesitamos alguien que, con voz firme, sin temor a las críticas, inconmovible al canto de sirenas, pero capaz de empatizar con la mayoría, cuele un mensaje que parta de la razón y agite el corazón: el 'procés' va desnudo.