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Dos miradas

El presidente catalán, Quim Torra, en octubre.

Europa Press

Los mártires de Torra

Emma Riverola

Tener un presidente que recomienda la lectura de una entrevista que llama a elevar la tensión, a los sacrificios y a la aceptación de "morir como un mártir" alienta el belicismo

Quizá es fatiga. O ceguera. Quizá unos le desprecian tanto que ni lo consideran. Quizá otros aprecian tanto la causa que se lo perdonan todo. Sea por un motivo o por otro, no nos hemos alarmado lo suficiente. Y deberíamos hacerlo. Tener un presidente que recomienda la lectura de una entrevista que llama a elevar la tensión, a los sacrificios y a la aceptación de “morir como un mártir” alienta el belicismo. Sin disimulos.

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Vivimos en una región aventajada. A pesar de años de gobiernos en los que la sanidad, la educación y todo lo que conforma el bienestar de los ciudadanos ha estado en la cola de los intereses, somos unos privilegiados. Basta con levantar la vista del ombligo para verlo. Basta con acallar los lamentos de pudientes para escuchar las oportunidades que nos ofrece una Europa convulsa. Pero no, enredados en un viaje insensato, narcotizados por la propaganda, asfixiados por el victimismo, incapaces de despegar la mirada de un relato narcisista, vamos envenenándonos hasta perder el sentido de la realidad. Torra pide “aceptar altos niveles de sacrificios”. Ya estamos solo a un paso. A uno solo.