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Calefacción con riesgo

Braseros asesinos y canarios salvadores

MONRA

Braseros asesinos y canarios salvadores

Adela Muñoz Páez

La crisis y el precio de la luz han hecho que en muchos pueblos se haya vuelto al empleo del brasero de picón, que, si se usa en una habitación mal ventilada, origina CO y puede causar intoxicaciones

Con el invierno llegan las nevadas, abren las estaciones de esquí y las carreteras del norte se colapsan. También llega una plaga de muertes silenciosas y evitables cuyo responsable es el monóxido de carbono, CO, la primera causa de intoxicación en el mundo que en España mata a más de 100 personas al año y origina entre 5.000 y 10.000 intoxicaciones.  ¿Cómo mata este gas tan insulso que ni huele, ni tiene color, ni es irritante? Vuelve loco al hierro de la hemoglobina de la sangre que, por su culpa, abandona al oxígeno, O2, causando la muerte de las células de nuestro organismo. La culpa es de la termodinámica: el compuesto que forma la hemoglobina con el CO es ¡200 veces más estable que el que forma con el O2! Y es que el enlace del hierro con el O2 ha de ser voluble para que cuando la hemoglobina llegue a las células, el hierro suelte al O2 para 'ligarse' al CO2 y llevarlo a los pulmones, desde donde lo expulsamos en la respiración. Pero cuando aparece el CO, el hierro los abandona a ambos.

Dado que el CO es irresistible, la única forma de que el hierro no se vaya por el camino de la perdición es quitar al CO de en medio, cosa nada fácil porque aparece en cualquier sitio en el que se queme algo y haya poco oxígeno. (Cuando el oxígeno es abundante, lo que se forma en la combustión es CO2, que no es tóxico para los seres humanos. ) Por ello, la mayor parte de las muertes en incendios no se deben a quemaduras, sino a su inhalación. Pero este gas también mata en las habitaciones calentadas con estufas o braseros de cisco, en los que se quema gas butano o carbón y no hay mucho oxígeno porque las puertas y ventanas están cerradas a cal y canto “para que no se vaya el calorcito”.

La mal llamada 'muerte dulce'

A pesar de que se le ha llamado “la muerte dulce”, no es tal: el cuerpo siempre se rebela ante cualquier envenenamiento, por lo que la intoxicación con CO da dolores de cabeza, mareos, náuseas, diarrea y espasmos con los que intenta librarse del tóxico y recuperar el oxígeno salvador. En caso de que se sospeche que ha habido una intoxicación por inhalación de CO, lo primero que hay que hacer es abrir puertas y ventanas, para que se vaya el CO y entre el O2, y llevar a la persona intoxicada al aire libre. Y en cuanto sea posible se le suministrará oxígeno puro para que respire, es decir, se le dará una sobrepresión de este gas para compensar la gran afinidad del hierro por el CO.

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La prevención ha hecho que en los últimos años descienda drásticamente el número de personas intoxicadas: las estufas de butano para interiores vienen dotadas de sensores de CO que hacen que se apaguen cuando detectan una pequeñísima cantidad de este gas y se han modificado la instalaciones para termos de gas, que ahora han de llevar una salida de gases al exterior y un pequeño motor que asegure que llega oxígeno suficiente al quemador para que no se produzca el letal CO.

El caso más dramático de los ocurridos recientemente en España fue la muerte de 18 personas en un albergue de un pueblo de Castellón en el 2005 tras la celebración de una fiesta: la calefacción estaba rota y para calentarse metieron en el dormitorio una estufa de butano de exteriores sin sensor de CO. Estos accidentes múltiples son cada vez más rarospero la crisis económica y el astronómico precio de la luz han hecho que en muchos pueblos se haya vuelto al empleo del más económico brasero de picón, que, si se usa en una habitación mal ventilada, origina CO. Estas muertes son más numerosas entre las personas que viven solas y en pueblos pequeños de Castilla la Mancha y Andalucía, regiones donde la calefacción central no es imprescindible, pero que en lo más crudo del invierno necesitan un foco de calor.

Si el canario moría...

¿Y los canarios? En épocas pasadas, cuando había que estar en lugares cerrados y mal ventilados en los que había combustión, como las minas, se empleaban animales pequeños con un metabolismo de transporte de oxigeno similar al humano pero más sensible al CO, para que alertaran a los mineros de la presencia de gas tóxico: si el canario dejaba de cantar y moría, tenían el tiempo justo para salir de la mina para no morir asfixiados. Hoy no hace falta que sigan muriendo canarios porque hemos sido capaces de construir sensores que desempeñan esa función, pero también necesitamos de conocimientos básicos de los procesos químicos que tienen lugar a nuestro alrededor y sentido común para evitar este tipo de muertes. Y no estaría de más que bajara el precio de la luz.