22 sep 2020

Ir a contenido

EL DESAFÍO SECESIONISTA

Manifestación convocada por Societat Civil Catalana para decir ’basta’ al ’procés’, el pasado 27 de octubre, en Barcelona.

EFE / JESÚS DIGES

Conflicto político o problema de convivencia

Joaquim Coll

Es urgente encauzar el choque catalanoespañol, pero sin esconder el catalanocatalán entre independentistas y constitucionalistas

La delegación de ERC, que por ahora sigue en el 'no', salió contenta porque el PSOE ha vuelto a reconocer lo del "conflicto político" frente a la insistencia anterior en el "problema de convivencia". En realidad la disyuntiva no es tal porque son dos caras de una misma moneda y nadie ha negado nunca la naturaleza política del asunto, pues el desafío secesionista ha derivado en la mayor crisis de la democracia española.

Josep Borrell, en su despedida de Exteriores, volvió a insistir en que la más importante cuestión que tiene siempre un Estado es la defensa de su integridad territorial. Asunto diferente es cómo se resuelve lo de Catalunya porque es evidente que ni este Gobierno ni ningún otro que respete la Constitución va a negociar el ejercicio de un inexistente derecho a la autodeterminación. Diálogo siempre, pero dentro de la ley.

Los republicanos saben que sus exigencias públicas de la última semana llevarían las conversaciones con el PSOE al fracaso y que, superada la consulta a su militancia, van a tener que meterlas en el congelador. Si quieren investidura de Pedro Sánchez se contentarán con lo del "conflicto político", el diálogo sobre lo posible y el melón presupuestario del 2020. Otra cosa es que no aguanten el órdago de JxCat y la amenaza de unas elecciones rápidas con Carles Puigdemont de candidato.

Pero intentar encauzar un conflicto que bloquea España no puede esconder la otra parte de la ecuación, el problema de convivencia que sufrimos en Catalunya. Curiosamente, de esto los independentistas no quieren oír ni hablar. Sin embargo, es urgente que nacionalistas y constitucionalistas busquen puntos de encuentros. Aparte del diálogo institucional y de partidos, en la reunión entre PSOE y ERC también apareció la posibilidad de implicar a la sociedad civil para avanzar de forma sincera y abierta.

Sería una excelente idea, pero a condición de que todo el mundo sea escuchado. Por eso han hecho muy bien entidades como Societat Civil CatalanaImpulso Ciudadano, los jóvenes de S'ha Acabat! o Asamblea por una Escuela Bilingüe en detallar estos días sus condiciones, a las que por desgracia no se ha prestado la suficiente atención mediática.

Agitadores

De entrada sigue siendo fundamental rechazar la coacción o la violencia y recuperar la plena legalidad, tarea imposible mientras tengamos en la Generalitat a un fanático como Quim Torra, que desearía que hubiera muertos para que la comunidad internacional moviera ficha. Si algún día los nacionalistas quieren convivir en armonía con los catalanes constitucionalistas deberán poner fin al monopolio sobre los medios públicos, convertidos en agitadores del discurso victimista e hispanófobo.

Y junto a ello, aceptar el principio de neutralidad de las instituciones y del espacio público. También respetar los derechos lingüísticos de los castellanohablantes y dejar de utilizar el sistema educativo para su proyecto identitarista. En definitiva, existe un conflicto catalanoespañol que es urgente encauzar con mano izquierda, pero que no puede esconder el problema catalanocatalán entre independentistas y constitucionalistas.