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Aniversario

Un niño migrante en el el campo de refugiados Moria, en el sureste de la isla de Lesbos (Grecia)

MICHAEL VARAKLAS (AP)

Nudos por la infancia

Susagna Escardíbul

En Europa, cuna de los Derechos Humanos, son incontables los asentamientos humanos, campos donde la infancia crece en condiciones indignas y donde su voz no tiene ningún valor

Hoy, 20 de noviembre, la Convención sobre los Derechos de la Infancia, el tratado internacional que reconoce al niño como sujeto de derechos, cumple 30 años. Cuatro principios básicos rigen la Convención: interés superior de la infancia; no discriminación; derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo y la participación. Principios que, cuando nos referimos al hecho migratorio, son vulnerados sistemáticamente a la luz de los datos que recogen los últimos informes. Por citar alguno, según ACNUR, en 2018, 27.600 menores no acompañados buscaron refugio de forma individual. La organización de derechos civiles ACLU, denunciaba el pasado julio que más de 900 menores migrantes habían sido separados de sus familias en la frontera de los EEUU en el último año. En Europa, cuna de los Derechos Humanos, son incontables los asentamientos humanos, campos donde la infancia crece en condiciones indignas y donde su voz no tiene ningún valor. Todo ello solo es la punta del iceberg.

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Esta es la cara más cruda de un mundo que, a las puertas de una nueva década, nos deja retos sin precedentes relacionados con la sostenibilidad y la paz: migraciones y refugio, cambio climático, hambre y pobreza, todas las formas de desigualdades e injusticias... Estos retos conciernen a toda la humanidad, sobrepasan los límites de cualquier frontera por más que nos empeñemos en negarlo y es obvio que se requiere de una perspectiva global para afrontarlos. Exigen un cambio urgente en las formas de pensar y de gobernar, de vivir y de convivir. Por encima de todo, supone tomar conciencia de la interdependencia de nuestros actos y reconocer la responsabilidad colectiva que tenemos respecto a las otras personas, en nuestro planeta y en todos los sistemas de vida, de los que formamos parte. Una vez más la educación juega y jugará un papel clave. Así lo reconoce el artículo 29 de la Convención de los Derechos de la Infancia: la educación ha de infundir en niños y niñas espíritu de comprensión, paz, igualdad, respeto de los derechos humanos, etcétera.

Conciencia global

En Fundesplai estamos dispuestas a asumir nuestra parte de corresponsabilidad a través del desarrollo de nuestra propuesta educativa NuSOS. Un programa en torno a las migraciones y el refugio, que estamos trabajando con 103.000 niños y niñas de escuelas y 'esplais', donde reivindicamos cuatro aspectos: el principio de justicia global y la pervivencia de los Derechos sin condiciones y para todos; la defensa de los valores democráticos y el reconocimiento de la diversidad como valor indispensable para la convivencia; la reflexión sobre el impacto social y ambiental de nuestros estilos de vida y, por último, el fomento de una conciencia de ciudadanía global que antepone el sentimiento de pertenecer a una humanidad común por encima de los límites que definen los estados. Hoy, más que nunca, debemos comprometernos a tejer nudos que nos conecten activamente por la defensa de los Derechos de la Infancia y los Derechos Humanos. Hacerlo es una apuesta imprescindible para la transformación de nuestro mundo.